Ángel llevaba horas desnudo sobre un pedestal en el taller de escultor. "Serás un bronce precioso" le dijo el afamado artista al comenzar la tarde. Ahora oscurecía y apenas una mala copia de su cabeza emergía del gran bloque de cera.
–Estarás agotado, descansa un poco, te preparé un té.
Tras el primer sorbo, el joven modelo sintió una pesadez súbita de los párpados, un sueño que no podría vencer
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–Ángel se llamaba,– confirmó a la policía días más tarde–, posó para mí el lunes, le pagué, se marchó y desde entonces no he sabido nada más de él.
Explicó con medida humildad al tiempo que su mano acariciaba la ultima de sus pertubadoras esculturas de bellísimos ángeles desnudos
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