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viernes, 26 de febrero de 2021

Las vías del tren (Manzanita)


Las vías del tren

 

Era gordo, conducía solo, tenía un microcar Suzuki Alto. Iba al campo, traería un lechón y un cordero para festejar Navidad. Debía cruzar las vías del tren por pasos a nivel.

 

Ella escuchó el móvil, no contestó, insistieron, tampoco. Había calculado dos apasionadas horas con su amante, volvería a tiempo. Besos, abrazos,

"llámame, porfa."

Se encontraron otra vez, ella no quiso hacer el amor.

"¿Sabes?, aquella mañana de Nochebuena un tren embistió al Suzuki, las llamadas eran para informarme, el gordo falleció instantáneamente".

Los bomberos extrajeron los restos de su marido mezclados con lechón y cordero.  

 

Nunca más se amaron.

jueves, 25 de febrero de 2021

Premeditado (Braian Valencia)

-Es  difícil  hacer  lo  que  me  pides-.  decía  Daniela.  Una  fuerte  brisa  y extensas  tinieblas  predecían  la  mala  noche  que  estaban  viviendo ,  Enrique respondía  -Piensa  muy  bien  por  favor-.  Angustia  acompaña  sus  gestos.

Enrique  torpemente   intentaba consolarla.  Daniela  su  vecina  misteriosa  y callada,  quién  sus  cargas  emocionales  le  habían  jugado  una  mala  pasada, estaba  en  el  borde  del  edificio. Cruelmente  el  silencio  tuvo  un giro  brusco  cambiando  a gritos  y  llantos.

Enrique  se  despierta , y  mira  por  su  ventana  fue  un  sueño  quizás,  en segundos  se desploma  el  cuerpo  de  Daniela,  no  fue  un  sueño,  fue  un dejavú,  algo  premeditado. 

 

 


Libre de virus. www.avast.com

La intrusa (Biznaga azul)


La huella interior (El Flaco)

El tamaño de la pieza no importaba. Aunque sabíamos que Carlos
Ramírez debía armar el motor con ese única y absoluta fracción
mecánica. Estaba exhausto, había hecho aproximadamente entre quince y
veinte modelos sobre el papel. Hasta que desistió, comprendiendo que
lo que buscaba con tanto interés estaba alojado sólo en su cabeza.
"Tiene que haber una explicación lógica" se dijo al terminar.
A la semana se despertó, encendió el motor de su viejo mustang y
manejo sin descanso sobre las carreteras agrestes de su memoria.
Fin.

Información.

Amistosamente me dirijo a ustedes, para que me informen en qué mes es el fallo del concurso de microrrelatos.

  Atentamente:

       Francisco Javier Ramos.

De Torre Pacheco a Murcia. Fernando Anguita

Hola, buenas noches, me llamo José Manuel y envío el texto en archivo adjunto.
Un saludo.

El niño que vendía limones (Juli Fábregas)

El niño que vendía limones

El día de mercado del pueblo, escuchaba entre el tumulto: ¡Compre el aguacate, llévelo barato!

Esa mañana, vendía los limones en la plaza de mercado. Me reducían manos sucias, sombras, abrigos y gentes altas. Los escasos rayos de sol iluminaban mi traje harapiento.

Me agaché, porque vi un billete en el suelo sobre el piso embarrado y unas naranjas podridas. Estiré mi mano. Al tiempo, unos dedos limpios tomaron el billete. Era el profesor, me compró todos los limones y me dio un libro que aún conservo: Los Invisibles de Ian Whybrow.

Ahora soy escritor.

Añoranza (Prometeo Gris)

AÑORANZA

No es por ser desagradecido, a ver si me entienden bien y no me malinterpretan. Su planeta me ha dado mucho: tengo un buen trabajo, dinero, vehículo y una amplia vivienda… Pero estos campos monótonos y aburridos, la falta de estaciones y el clima tibio, sin una pizca de brisa, sin una miserable nube… Y esa dichosa y esmirriada estrella suya, siempre allí quieta en el cielo colgando como una brasa mustia y sin gracia. ¡Si ustedes supieran lo que era la puesta del Sol en otoño desde mi cabaña del valle, a buen seguro escaparían de este condenado lugar! 

La línea de meta (Aura Karsen)

Zurah corría tan rápido como le permitían sus piernecitas. Con seis años, era la niña más bajita de la clase, pero le encantaba correr, saltar y brincar. Había sonado un estruendo y papá le había dicho que tenían que hacer una carrera muy larga. Oyó un ruido parecido al de petardos gigantescos ¡justo cuando empezaba la fiesta! Papá le metía prisa, pero a Zurah le costaba correr con los zapatos del colegio, ¡ella quería sus deportivos! Corría y corría y al fin, ¡la valla! ¡La línea de meta! ¡Habían ganado! Y papá resopló, como si por fin estuvieran a salvo.

Octubre

"El soberbio", Octubre

Miguel Casino Gómez, 72970900L, 02.10.1979, calle José María Lacarra de Miguel, 12, 1º C, 50008-Zaragoza. 609.476.522

Por el presente correo declaro que acepto las bases y condiciones del concurso y la garantía de que la obra no está pendiente de fallo en otro concurso y que tengo libre disposición de todos los derechos de explotación en cualquier forma y modalidad.
Fdo.- Miguel Casino Gómez.

Espléndido (ilustrassart)

 Miraras  por  donde  miraras  había  billetes,  pisabas  y  crujían centenares  de  ellos.  Cual  hojas  pendían  de  los  árboles,  de  las  ramas altas  y  de  las  bajas.  Algunas  caían  movidas  por  el  viento  y  brotaban  rápidamente  conformando  otros  árboles  espléndidos  que florecían  con  elegancia  y  se  volvían  exuberantemente  frondosos.  Había  montañas creadas  por  miles  de  monedas  relucientes  de  diferentes  tipos,  tamaños y  colores. El  lugar  no  tenía  nombre  y  sólo  lo  conocía quienes  tropezaran  con  él,  algunos  corrían  la  voz  para  que  más personas  pudieran  conocerlo,  otros,  con  la  duda  de  que  no fuera  infinito,  guardaron  silencio  hasta  su  muerte.


ESENCIA (Primaveral)

El hombre había dudado ante todas las cuestiones planteadas por el psicólogo, demorándose siempre en contestar. Pero ante aquella última, sí, reaccionó y respondió al instante. La pregunta había tocado la fibra sensible de su corazón atormentado: "si tuviese que resumir en una palabra, con mayúsculas, la esencia de su infancia, aquello que le marcó especialmente, ¿qué palabra sería?". Levantó entonces la mirada, liberaron luz sus ojos y la respuesta le salió del alma: "MADRE". El psicólogo creyó intuir por primera vez vida en aquella mirada. Y en aquel rostro triste, el sutil esbozo de una sonrisa. 

                                                                    

                                                    

Tras el mordisco (Sueños de Adiel)

De pronto oscureció y, tras el manto de la noche, contemplé el tejido de la realidad con nuevos ojos. Adquirí habilidades secretas, mis sentidos se agudizaron y se fusionaron como olas que chocan y crean marea. Dejé la muñeca del vampiro relamiéndome los labios y, habiendo muerto, mi vida empezó de verdad.

Monotonía (Rênal)

Son las cinco menos cuarto de la mañana, suena el despertador otro día más, martilleando su cabeza. Con el tiempo, comienza a ser un despertar automático, diríase robotizado. La misma forma de levantarse, de atarse los zapatos, de lavarse la cara, de vestirse, de prepararse el desayuno… La misma sombra espectral que le acompaña cada día al trabajo, los mismos rostros resignados en el metro, el mismo jefe innoble… Pero puede sentirse afortunado, dicen sus allegados, tiene un trabajo «fijo», estable. 


DESPUÉS DE TANTO TIEMPO (Conamo)

Había pedido a los Reyes que le devolvieran a su papá. Nada más, era lo único que deseaba. Pero el pequeño no recibió su regalo. La magia desapareció y su infancia con ella. Su padre, privado de libertad, ya no formaba  parte de su vida.


Unas Navidades, un SMS le llega cual rayo fulminante. Nuevas pruebas y una revisión del caso que condenó a su padre, lo declaran inocente. Desvalido, llora como aquel niño que fue. Mira al cielo y luego  a los Reyes en su cabalgata. Después de tanto tiempo, en cierto modo, le habían devuelto a su papá.



EL SABOR BORDEADO DE LLANTO DELATO SU PRESENCIA (VALENTINA)

            La sopa hervía y ya antes de estar lista se le veía que estaba sabrosa.  Terminada la espera, todos impacientes, uno tras del otro esperaba que les sirvieran primero a los niños

            A la hora de comer, todos con el hambres saliéndosele por los ojos notaron que faltaba uno de los niños, específicamente el más pequeño, por mucho que lo buscaron no lo consiguieron, pero eso si, todos notaron que la sopa tenía un sabor deferente a lo normal de una sopa de costilla y que además, por cada cucharada que ingerían sentían como si estuviera bordeada de llanto.

Castillos de arena (L.W. Maltés)

Todas las tardes, después del colegio, Quique corría a la playa y jugaba con su cubo y su pala a hacer castillos en la arena. Si el mar había acabado con él, construía uno nuevo. Si quedaba algún vestigio, lo mejoraba. Una tarde, observó que su castillo había quedado intacto a pesar del oleaje. Lo miró largo rato y regresó a casa corriendo. Y así durante varios días. Hasta que, finalmente, Quique cogió agua marina con el cubo y lo echó encima del castillo, desmoronando así, su propia obra. Sonrió y volvió a rehacerla.  


EL SABOR BORDEADO DE LLANTO DELATO SU PRESENCIA (VALENTINA)

 

           

La sopa hervía y ya antes de estar lista se le veía que estaba sabrosa.  Terminada la espera, todos impacientes, uno tras del otro esperaba que les sirvieran primero a los niños

            A la hora de comer, todos con el hambres saliéndosele por los ojos notaron que faltaba uno de los niños, específicamente el más pequeño, por mucho que lo buscaron no lo consiguieron, pero eso si, todos notaron que la sopa tenía un sabor deferente a lo normal de una sopa de costilla y que además, por cada cucharada que ingerían sentían como si estuviera bordeada de llanto.


 

Cosas inexplicables (Don Tintero)

Desde Cabo Cañaveral, Florida, una nave despega de urgencia. Tipos raros, federales tal vez, aparecen día y noche en la televisión explicando cómo amarrar la casa, y la familia, al suelo para no perderla. El cosmos, dicen, se estaría deshilachando como una masa de aceite en una corriente de agua.

La nave, al vigésimo quinto día, alcanza el centro del universo. En el centro del universo hay una puerta. En la puerta, una nota. Y en la nota, el siguiente mensaje: "Por motivo de la instalación del 5G se suspende la gravedad en este universo".

El desafecto (Carmela Serrinde)

Le suplico que intente salvar a mi marido. Ya sé que ha perdido empuje durante los últimos años, que la gente evita su fealdad y nadie resiste esa mirada vidriosa; que le dan la espalda disimuladamente y siguen su camino. Yo misma lo he ido descuidando, ahora apenas lo visito, me aterroriza pensar que podría acabar a su lado, rodeada de espantajos, olvidada en una esquina oscura y polvorienta. Lo entiendo, pero ¿no le guarda ni un mínimo de afecto a su primera obra? Usted, escultor del museo de cera, ¿no podría elegir otra figura para la quema?