jueves, 30 de julio de 2026

(Lección de vida) (Seudónimo. Soñadora)

 Añoro el sabor del pollo con ajo y perejil que preparaba mi abuela cada domingo. Su aroma llenaba la casa mucho antes de sentarnos a la mesa. Quizás porque ella misma criaba el pollo en el corral. Prepararlo era un ritual, un arte ya casi olvidado. Y qué decir del pan recién horneado con el que lo acompañábamos. Allí aprendí que cocinar era cuidar con amor.

Hoy, intento repetir la receta. El sabor no se parece al suyo. Entonces comprendo que nunca hubo una receta. Solo quería que la acompañara.

"Tango" (Humeya)

 Cuando Fabio encontró a Tango rígido junto a la verja, vio medio chorizo bajo el limonero. El vecino llevaba semanas amenazando con callar sus ladridos. Fabio enterró al perro sin denunciarlo. Después arregló la valla, podó el jardín y volvió a saludar cada mañana.

Dos décadas después invitó a Loli, la única hija del vecino, a probar un vino que acababa de embotellar. Ella aceptó sonriente.

La ambulancia llegó de madrugada. Mientras cubrían el cuerpo de Loli, Fabio en su jardín acarició el viejo collar de Tango y dejó sobre el muro medio chorizo.

—Ahora sí, ahora estamos en paz— 

Libertad(Lady in red)

 Cuando lo separaron de su madre, ella no gritó. Sabía que los gritos entretenían a los hombres que llevaban el látigo. Sólo le dijo:

—Si un día consiguen que olvides quién eres, habrán ganado incluso después de matarnos.
Él tenía siete años.
Décadas más tarde ya no recordaba su rostro. Ni el olor de su piel. Ni el sonido de su nombre. Sólo aquella frase, clavada donde no llegaba el hierro. Cada amanecer salía al campo con el cuerpo de un esclavo. Cada noche regresaba con la obstinación de un hombre que todavía se negaba a pertenecerle a nadie.

miércoles, 29 de julio de 2026

El bosque inanimado (Hércules)

Hola doctor.

—¿Otra vez aquí? ¿No fue bien el tratamiento?

—Sí, una temporada. Ahora es otro achaque, en otro lugar.

—¿Se tomó la medicación?

—Sí, sí, y mis partes dañadas se regeneraron.

—Tiene que haber algo en el entorno que le haga reincidir. ¿Cómo es?

—Mi entorno es humano.

—¿Hasta allí llegan?

—Sí.

El doctor pide a su ayudante que llame a la central en busca de medios.

—Doctor, lo único que nos mandan son mangueras. Y culpas al de enfrente.

—Siempre igual. Sólo nos queda anestesiar al paciente un tiempo.

El ayudante procede.

—Cuente atrás, señor. Diez, nueve, ocho…



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El secreto (Ferró)

Hola Laura soy un niño de tu clase que no quiero decirte quien soy porque soy muy tímido y a lo mejor no te gusto y tu a mi me gustas y me gustaría ser tu novio solo si tu quieres pero si no quieres yo tampoco quiero y si te digo quien soy te ríes y no me gusta mejor no te lo digo porque se lo puedes decir a todos y se ríen tienes el pelo bonito es como el mío si quieres un día traigo una piruleta grande y te la dejo en tu silla guapa adiós.

La Matanza. Helios Invictus.

Nosotras somos una familia tradicional: celebramos todas las fiestas. Nada más que desciende el sol, encendemos la hoguera en la plaza. Unas cuantas se encargan de sujetarlos bien y otras les recogen el sangrado. Hay que darles vueltas para que no se coagulen. Luego se les chamusca. El hígado crudo se devora. Se les limpian las tripas y las más gordas se usan para hacer las morcillas y la sopa de sangre. Algunas les arrancan la punta de la lengua y otras los chupetes.

Antes del amanecer, lo limpiamos todo.

VOLVER A VERTE (BUARQUE)

 Al mediodía, con la puerta entornada, ella susurra:

-Volver a verte…

Y los puntos suspensivos son el comienzo. Sobre la cama, él sonríe. La puerta suena de forma definitiva como un punto final. El dolor es un espejo en que volver a verse juntos. Era de noche en la Biblioteca de la Universidad. En la soledad de la gran sala vacía, oía el latido de su corazón y la página al pasar era el futuro. La rectitud de la letra impresa le hacía temblar y una nota que decía:

-Volver a verte…

Como un presentimiento, alzó la vista. Era ella. Su sonrisa fue el primer y último cuidado. El libro se cerró y el sueño se apoderó de él.

UN BAÑO DE PALABRAS

 Las cien palabras permanecían en silencio, sentadas en sus sillas de madera labrada, a la espera de instrucciones. Estaban en una sala de la Academia, la segunda a la derecha, según se entra al edificio.

A las dos Palabras se las veía especialmente nerviosas, quizá por la responsabilidad de saberse protagonistas. Las seis La cuchicheaban entre sí, observadas con desaprobación por sus siete primas mayores, las envaradas Las.
Nadie sabía a ciencia cierta cuándo serían llamadas para ir a Torre Pacheco, pero las dos Labrada dejaron caer solemnemente que un baño en el Mar Menor no se lo quitaría nadie.

Leyendas del pasado (Haví Rubí)

Tras un minuto de absoluta incomodidad, el monstruo de debajo de la cama giró su diminuta cabeza y se marchó. 

El niño, que se asustó levemente durante dos segundos y le prestó atención otros dos, continuó escroleando.

El desconocido-(El trapero del tiempo)

 El caso sucedió en la playa de la Romana: turista barcelonés de 74 años. La bandera roja demostraba su libertad íntima a decidir, pero no a poner en riesgo otras vidas, pues al oír su grito alguien corrió en su ayuda. Para cuando llegó su boca rezumaba agua y sus ojos miraban enrojecidos. Lo abrazó y arrastró hasta la arena. Socorristas, policías, Guardia Civil y SAMU llegaron luego.

Marchó, en el anonimato del héroe que no persigue medallas, sin sandalias y con heridas externas e internas, pues lloró el desencanto de no haber podido compartir también... un abrazo de vida.

NITIDEZ (Josefa)

NITIDEZ

(Josefa)

 

Me acostumbré a ver sus películas, no las mías; a escuchar su música. También sus gritos y palizas que iban en aumento. Con cada ataque, mi imagen en el espejo se iba diluyendo. Una tarde apenas me veía; lo único nítido frente a mí era la imagen de un hombre con su puño levantado, sus labios apretados y odio en la mirada. Sentí pánico. De madrugada, sin encender la luz, cogí la maleta.

Ahora el espejo me devuelve, con total nitidez, a una mujer libre.

 

Fwd: “Los sueños, sueños son” (Dafne)




–¡Anoche soñé contigo!

 – Ah, ¿sí? Cuéntame. Espero que no fuera nada malo.

– No, qué va, todo lo contrario. Verás, estábamos por la plaza del ayuntamiento, en el bar al que íbamos a menudo. Tomábamos algo y pedíamos lo de siempre, unas marineras. También charlábamos con los vecinos que iban llegando y se improvisaban partidas de mus. De fondo, se escuchaba la radio y la máquina tragaperras. Sin prisas, sin estrés. Sin mirar el reloj, y menos el móvil. Tan solo disfrutando de lo sencillo y cotidiano. Pensándolo ahora, es raro.

-          ¿Por qué?

-          Porque ya no podemos vivir así.

JUEGOS DE LUNA (CHINITA)

 Era verano, caminábamos embelesados, la noche clara, la orquesta de grillos, las gaviotas chismosas, como siempre cotorreando, el olor a romero y lavanda, nuestras caderas rosándose, nuestros corazones latiendo, y la hierba suave llamándonos, cuando, la luna, iluminando aquel campo verde se acomodó detrás de un pino joven, dispuesta a contemplar el espectáculo maravilloso que había propiciado:

¡Un hombre y una mujer amándose bajo su luz! 

Mientras, las estrellas en el cielo se encargaban de ahuyentar cualquier amago de tristeza que pudiera aparecer en nuestras almas, unas almas, como tantas, hasta hace unos minutos, cansadas, adoloridas...

 

LA FORTALEZA (Lemmy)

LA FORTALEZA.

El fantasma del duque contemplaba el amanecer desde la torre. Abajo, un camión de reparto acababa de descargar un palé de vacas congeladas en el patio de armas, mientras los perros del pueblo acudían a husmear el hielo.

El duque esbozó una mueca cínica: aquella estampa absurda era lo más real en siglos. Sintió una repentina punzada de nostalgia por la carne mortal.

En ese instante, el despertador de la habitación 71 comenzó a sonar. El fantasma se encaminó, hastiado, hacia el bufé libre.


Título: Fidelidad (Seudónimo: Momo)

Durante años sólo le llegaron buenas noticias del frente, por eso el rey entró en cólera al saber que habían perdido la guerra. Los consejeros, acobardados por sus gritos, se escondieron tras las cortinas.
-Verás – dijo uno entre lágrimas – cuando descubra que hace ya décadas que se abolió la monarquía.


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YA NO HAY NIÑOS JUGANDO BAJO EL AGUA (Chief Bromden)

 La Tierra se mueve. Nuestro planeta gira y se transforma. Nada permanece, ¿recuerdas las palabras de Heráclito? Hace tan sólo un momento, este pueblo quedaba por encima del nivel del mar. La tierra estaba seca y los niños levantaban nubes de polvo jugando al balón o saltando a la comba. Y ahora, fíjate: todo eso ha desaparecido. Ya no hay niños jugando bajo el agua. Es curioso, ¿verdad? Ya no hay tierra seca ni nubes de polvo bajo el agua, aunque estaban allí hace tan sólo un instante. Yo los he visto. Y es curioso…


ALAS

 Siempre me han atraído las mujeres que saben volar. Por eso, cuando la vi hacer cabriolas en el aire a varios metros de altura sobre el lago, me enamoré de ella. No he parado hasta conquistarla y ahora, por fin, puedo deleitarme cada día con sus acrobacias. Me encanta observarla planear por nuestro apartamento mientras silba una melodía o descubrirla flotando en medio de la habitación con esa mirada tan frágil. Eso sí, cada vez que salgo de casa me aseguro de cerrar bien todas las ventanas. No vaya a ser que se escape, como me pasó con la anterior.

martes, 28 de julio de 2026

Allí donde solíamos estar (Caronte)

 

ALLÍ DONDE SOLÍAMOS ESTAR

Cada tarde vuelvo a la misma esquina y busco el rincón donde Andrea llegaba siempre tarde. Cierro los ojos, me llega el olor a jazmín y escucho el tintineo de las cucharillas.

—Vamos, arriba.

Abro los ojos. La luz fluorescente me hiere. El vigilante del banco señala la salida del cajero.

—Aquí no puede dormir.

Recojo mi manta. El café ya no está. La brisa de julio trae el jazmín. Por un instante, Andrea vuelve a llegar tarde.

 

Un vívido recuerdo (Gilda)

Nunca lo olvidaré, fue el día en que más alta me sentí. Desde la azotea, todo es claro, nada se iguala. No conozco atardecer más bonito que tus ojos observándolo con pureza: admiraste el sol poniente con un tono anaranjado en tus pupilas. “Desde aquí se ve el Mar Menor”, mencioné. Desearé siempre que no se marche esa sonrisa llena de curiosidad. Desearé que, aunque muera la tarde, te quedes aquí un poco más. Siempre fuimos amigos. La espera fue áspera. Y aunque los años me hayan revelado los secretos de tu corazón, el tiempo ha estado de tu parte.

Justicia natural (SBR)

Es una asfixiante tarde de verano. Las chicharras suenan de fondo y los cuñados gritan de frente. —¡No me puedo creer a quién votaste!— estalla uno. —¡Eres un facha!—, añade. La respuesta no tarda: —¡Y tú un rojo comunista!—. La discusión sube de nivel, pasan de los gritos a los insultos y de ahí a las manos, defendiendo su ideología con ceguera. Lo que no saben es que la naturaleza no entiende de política; ahora mismo, las casas de ambos están ardiendo y ninguno de sus referentes piensa venir a apagar el fuego y menos, el de sus casas.

Latidos compartidos (Martín Soñador)


CHOCOLATE INGLÉS (Rachima)

Ella, experta en mirar a varios sitios simultáneamente sin mover los ojos, advirtió que la novia, sentada en el extremo izquierdo de la mesa de banquetes, estaba a punto de arquear una ceja. Hoy te pillo, pensó mientras esbozaba una enigmática sonrisa.

Mientras, desde su posición, la novia se esforzaba por permanecer hierática. Sabía que no era una simple partida de chocolate inglés, que ya era algo personal, y que aunque había más de 130 personajes en su cuadro, Las Bodas de Caná, la Gioconda, que estaba enfrente, estaba obsesionada con ella y jamás le quitaría el ojo de encima.


DE MAL EN PEOR (Manolita la Primera)

¡A quién se le ocurre que tuvieran que ser justamente 100 palabras! A esa barbaridad se unía el hecho de la absoluta sequía mental a la que se enfrentaba. Ya tenía demasiado con haber quedado con su amor platónico y que, dos días antes, aquel grano despiadado, al que nadie había invitado a su cara, estuviese haciendo estragos como si de un flemón se tratase. Había buscado un reto literario con el que entretener su mente mientras apretaba el divieso con el puño con la esperanza de destruirlo, pero…, ¿qué acabaría peor, la cita, o el concurso literario? ¿O ambos?

Recordatorio Pendiente (Virginia Love)

Como cada 29 de julio a las nueve de la mañana, la pantalla del móvil volvió a iluminarse:
«Llamar a Marta».
Quince años después, seguía sin borrar aquella alarma.
Esa mañana, por primera vez, pulsó "eliminar".
En ese instante sonó el teléfono.
—Hola —dijo una voz nerviosa—. Espero que aún no sea tarde.
Sonrió.
Ya no necesitaba recordatorios.

Virginia Love

Los afectados (Koide)

«Los afectados por los incendios lo han perdido todo», dijo la televisión instalada provisionalmente en el pabellón, junto a los aseos. Tras el toque de queda, apagaron las luces y él se tumbó junto a su familia en el colchón asignado.

Sintiéndose el único despierto en el recinto, recordó su casa, acosada por las llamas. Escuchó la respiración de su hermana pequeña a su lado y entreabrió los ojos para observar a sus padres, dormidos, abrazados como hacía mucho que no lo estaban. Entonces pensó en aquellas palabras. Quizá los afectados eran otros. Ellos no. Ellos no habían perdido nada.

Mar de piedras (Garma)

 Amarró con fuerza la goma de sus calzoncillos al palo de madera; la firmeza resultó inesperada. Sonrió satisfecho; ahora podría cazar pajarillos o alcanzar algún coco fresco. Su estómago gruñó.


El resto de la prenda, endurecida por la sal, le pareció ridícula sobre la roca. Recordó al vendedor prometiendo comodidad y tecnología de última generación en cada costura. «Demasiado para unos calzoncillos», murmuró.

Levantó la vista buscando un barco, un humo remoto. El horizonte ardía en azul. Sujetó el tirachinas, encajó una piedra, lo tensó despacio y apuntó al mar. Acertó a una ola. El mar le devolvió más piedras.

ENTRE LA LUZ Y LA SOMBRA (SELVA MERAKI)

 Nos hablaba de la luz. De la verdad que siempre nos guía, de la bondad que no busca recompensa alguna, de la fe que ilumina incluso en los días más nublados. Y nosotros escuchábamos como quien mira al sol: con infinito respeto y confianza.

Pero un día, demasiado cerca, vi algo distinto: pequeñas sombras en gestos brillantes, palabras que servían más al orgullo que a la verdad.

Entonces comprendí el eclipse. No es que la luz desaparezca; es que algo se interpone entre ella y nuestros ojos.

Desde entonces sigo buscando la luz, pero también aprendí a reconocer las sombras.

LA HEREDERA Seudónimo: Lirio de Ceniza

 Las brujas de su familia heredaban maldiciones.

A unas, ver fantasmas. A otras, hablar con animales.

A Mara le tocó ser olvidada por quien más amara.

Su abuela lo llamó desgracia. Su madre, destino. Mara lo llamó Alex.

Un año fueron felices.

Después él olvidó su cumpleaños, su voz, el color de sus ojos.

Una mañana preguntó:

—Perdona, ¿nos conocemos?

Mara sonrió.

—No.

Alex se marchó. En el rellano se volvió.

—Es extraño. Siento que te he querido toda la vida.

Mara cerró la puerta.

Entonces comprendió la herencia: él tendría que olvidarla una vez. Ella, recordarlo todos los días.


Mil y un reproches (Al-Sahar)

 - “Te quiere muchísimo, y por eso está así” -le decía su mejor amiga.

- “Sí, seguramente sea la razón para ponerse tan celoso” -asentía ella.

Sin embargo, tras aquel espejismo, se escondían 1.001 noches llenas de terror.

Al fin, entendiendo que las lágrimas no debían brotar tan sólo de sus ojos, supo que el cuento de la bella y comprensiva Scherezade soportando a un tirano tan irascible como cruel era rancio y trasnochado.

Y cambió la ficción por la realidad del día a día en libertad, lejos de él, sin ningún miedo ni más reproches.

Eclipse, ¿Qué hago aquí? (Encarta95)

 La noche llega sin pedir permiso. No se queda, está de paso. Qué inoportuna.

—¿Qué horas son estas? ¿No te das cuenta de que te has adelantado? —dice el día a la noche.

—Disculpad, no era mi intención entrometerme —dice la luna.

—¿Y tú? ¿Quién eres? Contigo no va la cosa. Es entre ella y yo.

—¿Quién habla? No te veo —dice la noche.

—Lo siento, te tienes que marchar —dice el día.

—Creo que me he desorientado —dice la luna.

—Tranquila, yo te acompaño a casa. Dejémosle, que no tiene el día —le dice la noche a la luna.

lunes, 27 de julio de 2026

ÚLTIMA NAVIDAD (GUAYOTA)

A pesar de la tormenta, el ambiente era cálido. Después de tantos años, Matías lograba al fin reunirlos a todos.

Un abeto navideño, cargado de luces e ilusión, alumbraba el salón. Guirnaldas, villancicos y batallitas familiares. Por unas horas, la casa volvió a ser un hogar.

Con voz metálica, un señor idéntico a papá contaba un chiste; su hermano aplaudía con una precisión inquietante; y una mujer rubia imitaba la sonrisa de mamá.

Un relámpago iluminó el ventanal. Todo se apagó.

Sollozando, Matías subió la palanca y... solo regresó la luz.

Nuestros campeones (Kairós)

El país entero contenía la respiración, con millones de ojos puestos en las pantallas, corazones palpitando al unísono y nervios a flor de piel por la insoportable tensión.

Un unánime grito de júbilo rompió el silencio en cientos de plazas y hogares. Las lágrimas de felicidad brotaron de los ojos de miles de personas, y los abrazos, saltos de alegría y aplausos atronadores hicieron vibrar a todo el país: el momento exacto en el que bomberos y vecinos, cansados y con los rostros tiznados de hollín, conseguían sofocar el último y devastador foco de los incendios que arrasaban nuestros montes. 

Umbral (Capitán Gregg)

 No había nadie porque el mundo se había detenido, pero la llegada de la tarde ya era una presencia, su frescor que penetra con los primeros ruidos que le vuelven a situar en el tiempo.

Mira los objetos, un jarrón con flores como animal herido, una carta olvidada como prenda de ropa, el transistor heredado de su abuelo, como si volvieran a ser verificables y abandonaran su condición de espectro.

Sustituye el desayuno por un mediodía inminente, el café por un vaso de leche afluente de la risa. Son decisiones.

La tarde entra. La puerta aún no se ha abierto.

El Naranjo de Tomás (La sombra del azahar)

El abuelo Tomás conocía cada rincón de Torre Pacheco. Sabía cuándo la tierra pedía agua y cuándo el campo guardaba silencio.

Cada mañana caminaba hasta su huerto y cuidaba un pequeño naranjo que había plantado junto a la acequia.

—Algún día dará sombra a alguien que no me recuerde —decía sonriendo.

Pasaron los años y bajo aquel árbol se reunieron niños, vecinos y familias enteras.

Cuando preguntaban quién lo había plantado, todos respondían lo mismo:

—Tomás.

Porque algunas personas se marchan, pero dejan raíces que siguen creciendo en la tierra que amaron.

 

 

El lugar que me encontró (Bibliotecaria a la deriva)

Cuando leí la noticia de que cerraban la biblioteca, algo por dentro se me quebró.
— ¡No puede ser! — imploré.
La imaginé vacía, sin vida.
Allí pasé muchas tardes leyendo a José Ángel Mañas, Ray Loriga y Lucia Berlin; escondiéndome de algo, o de alguien, sin saber de quién ni de qué.
La vieja biblioteca del pueblo me salvó cuando era adolescente y nadie me quería. O eso creía.

Una semana de vacaciones (Johannes)

 Yo, que he vivido tantas vidas, no recuerdo casi nada de ninguna. Impresiones, fogonazos, cortometrajes. Estoy ahora frente al mar, sobre una toalla verde y amarilla. Creo que la toalla viene de mi segunda vida, la que desperdicié junto a Marc. El océano parece el mismo que el de la tercera, la única en la que disfruté una semana de vacaciones. Yo misma soy otra y distinta. La que pensaba que solo habría una existencia, y que casi toda ella sería mi hija, hasta que desapareció por allí, por este mismo horizonte, el último día de mi lejana vida primera.

 

LA BIBLIOTECA DE LOS QUE FALTAN (POLOLO)

 Hay un estante en la biblioteca que no está en el catálogo. Cada tarde vuelve a llenarse de libros devueltos por gente que ya no existe. La bibliotecaria los ordena despacio, con las dos manos. Dice que algunos guardan calor. Otros, una humedad rara, de lluvia o de recuerdo, nunca sabe decir cuál.


Ayer encontré el mío. No llevaba mi nombre. Llevaba mi infancia: mi madre llamándome desde la cocina, mi padre cerrando una puerta, despacio, como disculpándose.

Lo abrí de pie, sin sentarme.


En la última página, alguien había escrito: "No estás perdido". Solo llegaste tarde.

No lo devolví.


INTROVERTIDO (Gigante)

 Con lo reservado que me muestro siempre, con lo celoso que soy de mi intimidad, aún no entiendo cómo pude bajar la guardia. Se nos ocurrió hablar de sueños y a mí me dio por confesar mi más terrible pesadilla, la más aterradora que puedo concebir. Les conté a mis amigos que soñaba a menudo con que asesinaba a alguien y ocultaba su cuerpo. Les dije: «No hay mayor angustia que vivir pendiente de que en cualquier momento puedan descubrirte y encontrar el cadáver». ¡Vaya desliz! Ahora me miran con estupor, como si al fin pudieran verme por dentro.

Mnemotecnia (Arce)

 15 segundos quedaban para ganar el gran bote del concurso.

-“G”: Compuso “El día que me quieras”.
-Gardel (nuestro tango favorito).
Mnemotecnia: según la RAE, es el procedimiento de asociación mental para facilitar el recuerdo de algo.
12 segundos. 
-“C”: Yacimiento prehistórico de Torre Pacheco.
-Cabezo Gordo (una escapada muy especial). 
Llevo años memorizando la enciclopedia con esta técnica.
7 segundos.
-”M”: Director de Casablanca.
-Michael Curtiz (se quedó dormida en mi pecho).
A una más de ser millonario. 
3 segundos.
-“L”: Sinónimo de catarsis.
-Li…, Lidia, ¿quieres casarte conmigo?
Perdí el dinero, pero gané lo que más deseaba.

domingo, 26 de julio de 2026

La misión (Isabel Caballero)

El agua iba colándose por las rotas escotillas de la nave. Un agua color púrpura que, a pesar de que era fuente de vida en ese planeta y para cuya recolección había sido enviado, significaría su final.
Solo quería una muestra, pero se iba a hartar de ella. Sacó del bolsillo la foto de su difunto perro. Sonrió y la besó. Con cierta parsimonia y notando cómo el agua le llegaba ya por las rodillas, se dirigió a la puerta de la nave para abrirla y no alargar lo inevitable. Pero unas manos membranosas le agarraron por detrás.

Sueño reversible (Dora Thudi)

El cielo estaba despejado y el calor sofocante le hizo desvanecer. Estaba tendido en el asfalto ardiente y humeante. Trató de incorporarse rápidamente, pero al hacerlo, los edificios elevados de la calle Alcalá parecían desfigurarse y convertirse en rostros de un cuadro de Munch. Pese a languidecer, lo peor era lo que acababa de vivir dentro de esa jaula de cristal del piso 43, despido arbitrario, abrupto, sin previo aviso, tras treinta años de entrega incondicional. Cerró los ojos fuertemente. En estado de estivación. Deseó retroceder tres décadas. Tal vez así podría recuperar el tiempo perdido... Quizás, no lo sé.

La vida que yo elija (Elvan)

Siempre tan bella y hermosa. Todos los días me despierto, paseo por estos jardines señoriales y, cuando llega el momento de verla, no me atrevo siquiera a tocarla. Me bloqueo. «Así nunca vas a llegar a nada» pienso. Y tengo razón. Ya no puedo más. ¿De qué me sirve vivir así? Al margen de todas las ventajas que este trato me ofrezca, la necesito. No quiero una vida impuesta. Así que hoy decido dar el paso. En cuanto la tengo frente a mí, acerco mis labios y, con el primer mordisco, el cielo se abre y soy expulsada del paraíso.


El averno(Madre)


1989. Azzacov y su grupo de de geólogos abrieron las puertas del infierno a través de un pozo de 14,4 kilómetros practicado en Siberia. Los micrófonos de alta sensibilidad puestos al fondo de la sima registraron gritos desgarradores de miles de personas sufriendo de dolor, horror y miedo, condenados y torturados. La caverna hallada con más de 379 grados de temperatura era el mismo infierno. De la cueva emergió un ser con alas de murciélago gritando en ruso, ¡he vencido!. ¿Fueron unos borrachos quienes pergeñaron semejante bulo o un medio religioso quien lo propagó?
Evangelización por terror.

Imposible parar (sonómetro)


Imposible parar


Mi respiración agitada, una lágrima imposible de retener era acogida con benevolencia por mis fosas nasales ya humedecidas, difícil contener la emoción. Llevaba horas viajando a través del espacio y tiempo a lomo de la magia de las palabras. Así me hallé tras levantar la cabeza del libro.


Pareidolia (Ulyses)

Mamá decía que cuando las madres mueren se vuelven nubes con la forma del juguete favorito de sus hijos. Ella se fue cuando yo tenía 6 años. Desde entonces busco en el cielo el caballito de madera que ardió con ella. Me hice piloto. Surco cúmulos y cirros. Nada. La guerra me alcanza a los veintitrés. Tres soldados me apuntan. Sobre sus cabezas, una nube con forma de caballo. El más joven baja el fusil, susurra en su idioma. Los otros miran al cielo. No sé si es mío o de ellos. Cierro los ojos.

EL JARDÍN DEL DIABLO - (TOPAZ)


La sombra se pasea por el vagón entre silencios jadeantes. Una infinita gabardina esconde su silueta. Avanza con las cuchillas de la intemperie en su rostro ilegible, como un abismo de carne cuyo nombre mortal la luna ignora. Hay una promesa negra en su mirada sin ojos. Y el mundo entero calla, se arrodilla, frena su respiración.
 Excepto las flores.
 Ellas escriben poemas en cada raíz. Ellas, con sus sonrisas de colores, siguen bailando inmóviles. Ellas recuerdan que la más negra noche es solo un falso espejo. Ellas susurran que la primavera no puede ser asesinada.