lunes, 27 de julio de 2026

Umbral (Capitán Gregg)

 No había nadie porque el mundo se había detenido, pero la llegada de la tarde ya era una presencia, su frescor que penetra con los primeros ruidos que le vuelven a situar en el tiempo.

Mira los objetos, un jarrón con flores como animal herido, una carta olvidada como prenda de ropa, el transistor heredado de su abuelo, como si volvieran a ser verificables y abandonaran su condición de espectro.

Sustituye el desayuno por un mediodía inminente, el café por un vaso de leche afluente de la risa. Son decisiones.

La tarde entra. La puerta aún no se ha abierto.

El Naranjo de Tomás (La sombra del azahar)

El abuelo Tomás conocía cada rincón de Torre Pacheco. Sabía cuándo la tierra pedía agua y cuándo el campo guardaba silencio.

Cada mañana caminaba hasta su huerto y cuidaba un pequeño naranjo que había plantado junto a la acequia.

—Algún día dará sombra a alguien que no me recuerde —decía sonriendo.

Pasaron los años y bajo aquel árbol se reunieron niños, vecinos y familias enteras.

Cuando preguntaban quién lo había plantado, todos respondían lo mismo:

—Tomás.

Porque algunas personas se marchan, pero dejan raíces que siguen creciendo en la tierra que amaron.

 

 

El lugar que me encontró (Bibliotecaria a la deriva)

Cuando leí la noticia de que cerraban la biblioteca, algo por dentro se me quebró.
— ¡No puede ser! — imploré.
La imaginé vacía, sin vida.
Allí pasé muchas tardes leyendo a José Ángel Mañas, Ray Loriga y Lucia Berlin; escondiéndome de algo, o de alguien, sin saber de quién ni de qué.
La vieja biblioteca del pueblo me salvó cuando era adolescente y nadie me quería. O eso creía.

Una semana de vacaciones (Johannes)

 Yo, que he vivido tantas vidas, no recuerdo casi nada de ninguna. Impresiones, fogonazos, cortometrajes. Estoy ahora frente al mar, sobre una toalla verde y amarilla. Creo que la toalla viene de mi segunda vida, la que desperdicié junto a Marc. El océano parece el mismo que el de la tercera, la única en la que disfruté una semana de vacaciones. Yo misma soy otra y distinta. La que pensaba que solo habría una existencia, y que casi toda ella sería mi hija, hasta que desapareció por allí, por este mismo horizonte, el último día de mi lejana vida primera.

 

LA BIBLIOTECA DE LOS QUE FALTAN (POLOLO)

 Hay un estante en la biblioteca que no está en el catálogo. Cada tarde vuelve a llenarse de libros devueltos por gente que ya no existe. La bibliotecaria los ordena despacio, con las dos manos. Dice que algunos guardan calor. Otros, una humedad rara, de lluvia o de recuerdo, nunca sabe decir cuál.


Ayer encontré el mío. No llevaba mi nombre. Llevaba mi infancia: mi madre llamándome desde la cocina, mi padre cerrando una puerta, despacio, como disculpándose.

Lo abrí de pie, sin sentarme.


En la última página, alguien había escrito: "No estás perdido". Solo llegaste tarde.

No lo devolví.


INTROVERTIDO (Gigante)

 Con lo reservado que me muestro siempre, con lo celoso que soy de mi intimidad, aún no entiendo cómo pude bajar la guardia. Se nos ocurrió hablar de sueños y a mí me dio por confesar mi más terrible pesadilla, la más aterradora que puedo concebir. Les conté a mis amigos que soñaba a menudo con que asesinaba a alguien y ocultaba su cuerpo. Les dije: «No hay mayor angustia que vivir pendiente de que en cualquier momento puedan descubrirte y encontrar el cadáver». ¡Vaya desliz! Ahora me miran con estupor, como si al fin pudieran verme por dentro.

Mnemotecnia (Arce)

 15 segundos quedaban para ganar el gran bote del concurso.

-“G”: Compuso “El día que me quieras”.
-Gardel (nuestro tango favorito).
Mnemotecnia: según la RAE, es el procedimiento de asociación mental para facilitar el recuerdo de algo.
12 segundos. 
-“C”: Yacimiento prehistórico de Torre Pacheco.
-Cabezo Gordo (una escapada muy especial). 
Llevo años memorizando la enciclopedia con esta técnica.
7 segundos.
-”M”: Director de Casablanca.
-Michael Curtiz (se quedó dormida en mi pecho).
A una más de ser millonario. 
3 segundos.
-“L”: Sinónimo de catarsis.
-Li…, Lidia, ¿quieres casarte conmigo?
Perdí el dinero, pero gané lo que más deseaba.

domingo, 26 de julio de 2026

La misión (Isabel Caballero)

El agua iba colándose por las rotas escotillas de la nave. Un agua color púrpura que, a pesar de que era fuente de vida en ese planeta y para cuya recolección había sido enviado, significaría su final.
Solo quería una muestra, pero se iba a hartar de ella. Sacó del bolsillo la foto de su difunto perro. Sonrió y la besó. Con cierta parsimonia y notando cómo el agua le llegaba ya por las rodillas, se dirigió a la puerta de la nave para abrirla y no alargar lo inevitable. Pero unas manos membranosas le agarraron por detrás.

Sueño reversible (Dora Thudi)

El cielo estaba despejado y el calor sofocante le hizo desvanecer. Estaba tendido en el asfalto ardiente y humeante. Trató de incorporarse rápidamente, pero al hacerlo, los edificios elevados de la calle Alcalá parecían desfigurarse y convertir se en rostros de un cuadro de Munch. Pese a languidecer, lo peor era lo que acababa de vivir dentro de esa jaula de cristal del piso 43, despido arbitrario, abrupto, sin previo aviso, tras treinta años de entrega incondicional. Cerró los ojos fuertemente. En estado de estivación. Deseó retroceder tres décadas. Tal vez así podría recuperar el tiempo perdido... Quizás, no lo sé.

La vida que yo elija (Elvan)

Siempre tan bella y hermosa. Todos los días me despierto, paseo por estos jardines señoriales y, cuando llega el momento de verla, no me atrevo siquiera a tocarla. Me bloqueo. «Así nunca vas a llegar a nada» pienso. Y tengo razón. Ya no puedo más. ¿De qué me sirve vivir así? Al margen de todas las ventajas que este trato me ofrezca, la necesito. No quiero una vida impuesta. Así que hoy decido dar el paso. En cuanto la tengo frente a mí, acerco mis labios y, con el primer mordisco, el cielo se abre y soy expulsada del paraíso.


El averno(Madre)


1989. Azzacov y su grupo de de geólogos abrieron las puertas del infierno a través de un pozo de 14,4 kilómetros practicado en Siberia. Los micrófonos de alta sensibilidad puestos al fondo de la sima registraron gritos desgarradores de miles de personas sufriendo de dolor, horror y miedo, condenados y torturados. La caverna hallada con más de 379 grados de temperatura era el mismo infierno. De la cueva emergió un ser con alas de murciélago gritando en ruso, ¡he vencido!. ¿Fueron unos borrachos quienes pergeñaron semejante bulo o un medio religioso quien lo propagó?
Evangelización por terror.

Imposible parar (sonómetro)


Imposible parar


Mi respiración agitada, una lágrima imposible de retener era acogida con benevolencia por mis fosas nasales ya humedecidas, difícil contener la emoción. Llevaba horas viajando a través del espacio y tiempo a lomo de la magia de las palabras. Así me hallé tras levantar la cabeza del libro.


Pareidolia (Ulyses)

Mamá decía que cuando las madres mueren se vuelven nubes con la forma del juguete favorito de sus hijos. Ella se fue cuando yo tenía 6 años. Desde entonces busco en el cielo el caballito de madera que ardió con ella. Me hice piloto. Surco cúmulos y cirros. Nada. La guerra me alcanza a los veintitrés. Tres soldados me apuntan. Sobre sus cabezas, una nube con forma de caballo. El más joven baja el fusil, susurra en su idioma. Los otros miran al cielo. No sé si es mío o de ellos. Cierro los ojos.

EL JARDÍN DEL DIABLO - (TOPAZ)


La sombra se pasea por el vagón entre silencios jadeantes. Una infinita gabardina esconde su silueta. Avanza con las cuchillas de la intemperie en su rostro ilegible, como un abismo de carne cuyo nombre mortal la luna ignora. Hay una promesa negra en su mirada sin ojos. Y el mundo entero calla, se arrodilla, frena su respiración.
 Excepto las flores.
 Ellas escriben poemas en cada raíz. Ellas, con sus sonrisas de colores, siguen bailando inmóviles. Ellas recuerdan que la más negra noche es solo un falso espejo. Ellas susurran que la primavera no puede ser asesinada.

El sótano (Camalorio)

Me juraba que el crujido de la madera por las noches era solo el viejo caserón asentándose en el subsuelo. Yo siempre le sonreía, apagaba la lámpara y la abrazaba en la profunda oscuridad, fingiendo compartir su calma. Es reconfortante verla dormir tan tranquila a mi lado. Durante años me había esforzado en proteger su inocencia. Sin embargo, esta madrugada ha sido distinta. Un grito rítmico, casi desesperado, ha hecho vibrar el suelo del dormitorio. Me he quedado inmóvil, conteniendo el aliento, al darme cuenta de que el sonido no subía del sótano... venía de su lado de la cama.

La huida (Florencia Ocampo)


Aquella mañana olía a tierra húmeda. Mi madre conducía el Fiat 600 hacia el aeropuerto con la incertidumbre tatuada sobre la piel. Cuando me enfilé hacia el personal con mi tarjeta de embarque, supe que no había marcha atrás. 


   Aterricé en Barajas y aquel mismo día me instalé en una habitación decorada con un póster de Grace Jones con un corte de cabello geométrico y todo el poder de su negra piel resaltando sobre un fondo rojo. 


Me saqué la chaqueta, la tiré a un lado, y caí rendida sobre la cama mirando hacia el techo de Madrid.

EL SILBIDO DE LA INQUILINA (EL GORDO)

El Programa de Coexistencia Corporal fue una estafa. Dijeron que mi cerebro sabría adaptarse, que los nuevos circuitos aprenderían el idioma del amor.

Ahora somos uno, un cuerpo para dos, aunque a veces no sé quién fuma ni quién desea los zapatos de baile. Mis rodillas se mueven con una gracia que no recuerdo haber tenido, y la melancolía me llega por besos que no di.

Por las noches soñamos con citas dobles. Y al amanecer, ella se queda despierta en mi nuca, silbando una tonada que desconozco.

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sábado, 25 de julio de 2026

La batalla perdida (Cartero)

Revuelta campesina y represión brutal en un pueblo asolado por la hambruna y la desidia del estado. El gobierno decidió terminar con las revueltas de desesperados campesinos de forma expeditiva. Uniformados entraron en Casas Viejas a saco, disparando contra todo. Seisdedos y un grupo de vecinos se refugiaron en su vivienda. Militares y guardias de asalto deshicieron a balazos la vivienda convirtiéndola en una tea ardiente. Los moradores salían aterrados de la cobacha siendo tiroteados sin piedad. Tanta destrucción, tanta contundencia para doblegar a sangre y fuego a unos desgraciados campesinos. Feroces medios para acabar con las esperanzas de los humildes.

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Porque estaba cagando (Alejandro Lindes)

Junto al fuego se acurrucan unos simios. Una isla de luz en medio de una oscuridad interminable y hostil. Uno de ellos está terminando una historia.

—… y entonces, mientras cagaba, se lo comió un león.

Se hace un silencio para valorar la tragedia del infortunado, solo roto por un cacareo rítmico. Se miran entre ellos para averiguar de dónde parte ese extraño sonido. El causante de ese soniquete se está llevando las manos a las tripas como si le dolieran. Su rostro está contraído de una manera inédita. Todos le miran asombrados.

El primer ser humano está riendo.

Una lista (Purpurina)

Hoy he desayunado tostadas con aceite y zumo de naranja. No recuerdo si algo más.
Me he tomado la pastilla rosa a las diez y cinco.
NO QUEDAN YOGURES.
Ya he mirado: no hay cartas.
La vecina me ha dicho: «¡Hola, Carmen!». Sonreía.
Hay pelos de animal en el sofá. He dejado un trozo de pan en el suelo, por si acaso.
Ha llamado Enrique, dice que es mi hijo y que viene luego.
Enrique ha leído lo que he escrito, lo había dejado encima de la cómoda. Dice que vamos al médico. No encuentro su cara en ninguna foto.

Fui yo- (Lunerita)

Deseo que el tiempo se detenga y que nadie me pregunte si fui yo. Ansío que la sangre abdique y que el sonido de las sirenas deje de perseguirme. Quiero que todo esto sea solo un sueño. Anhelo regresar a lo aburrido, a lo mundano, a lo habitual. No pretendía hacer daño, solo conseguir dinero para darme un capricho, regalarme lo que la vida nunca me regala. Entonces apareces tú, en medio de la nada, justo cuando el cuchillo está recién afilado. Fue un fallo, mi error, como si eso pudiera salvarme ahora. Te maté sin querer, pero amándote todavía.

POR ORDEN DEL REY (LA MAMBA NEGRA)

Todos en la corte habían sufrido alguno de los bruscos cambios de humor del rey. Podía nombrarte primer consejero al alba y acabar con tu libertad de movimiento al atardecer, si no andaba más cruel que caprichoso y optaba por algo peor. La vida transcurría entre discursos hilarantes y cruentas ejecuciones. El día en que el monarca despertó ordenando su propio encierro, sus súbditos cumplieron de forma inmediata el inesperado mandato. Más tarde, cuando, ya cautivo, ordenó ser liberado, una epidemia de sordera idiopática afectó a todos y cada uno de los guardias, porque… ¡nadie se atrevería nunca a desoírle!

El miedo a lo desconocido (Shelmar)

La primera gota salpicó su mejilla. El sonido de coágulos chocando contra cemento era denso. La chica no gritó. Ni una lágrima se formó en esos ojos cristalinos que miraban al vacío. El líquido era rojo, espeso. Una escena inefable, como nieve pintando una playa. Solo que esta vez no era nieve, sino sangre. Sangre que no brotó de ningún cuchillo retorciéndose en órganos, ni de uñas rasgando piel hasta romperla. No era violencia lo que aterraba a la chica... Pues estando ahí, bajo la lluvia, se dio cuenta de que el universo era demasiado grande para deberle una explicación.

Gritos en la sangre ( Alyssa Lombardi)

Decían que la violencia se lleva en la masa de la sangre, igual que una marca de nacimiento. De niño, tras el golpe seco de la puerta, yo intentaba arrancármela rascándome los nudillos en la pared hasta sangrar. Años después, en esta celda de paredes pulcras donde el médico aumenta la dosis y firma papeles sin mirarme a los ojos, el jabón y el agua hirviendo no sirven de nada. Bajo mis uñas permanece esa costra viscosa y oscura. No estoy loco, la herencia es un veneno que no se cura con pastillas, y hoy me he despertado hablando con su misma voz.

UN PUEBLO CON MAR (Velazco)


CUATRO GATOS (Octubre)

Minino es el primero en llegar cada mañana al centro de la plaza, distraído observa las persianas y se atusa los bigotes olisqueando las puertas antes que se aireen algunas sábanas.
Cuando una bocina rompe la quietud del aire, Minino desaparece, entonces las cerraduras crujen y salen por las puertas quienes aún recuerdan a los trigales y a las tahonas humeantes… en la plaza, el coche del panadero se detiene y reparte el pan como reclamo, compartiendo novedades.
Desde los tejados, todos los Mininos observan como se deshacen las charlas y cada cual desaparece por su calle.

viernes, 24 de julio de 2026

EDAD ADECUADA PARA (OIRAM)

Enma y Crisina tenían quince años.

Tenían limitado el acceso a internet, debido a la nueva ley que pretendía proteger  a los menores de contenidos inadecuados.
Esa tarde, las dos estaban sentadas en un banco de la plaza.
El silencio entre ellas era denso hasta que el móvil vibró y ambas accedieron a internet, en la web de una clínica de salud.
Rellenaron con atención los datos del paciente sobre la no necesidad de autorización de los padres para menores de 15 años.

El tiempo de acceso corriendo.
Ambas se miraron, respiraron hondo y pulsaron,  firmar la solicitud de aborto.

LA VIDA ENTERA (Clarasó)

Elena, Sofía y Carmen se sentaron en el bar para charlar un rato. La camarera les trajo tres cervezas bien frías. Después de mucho tiempo, querían ponerse al día. Mientras bebían la primera jarra, Elena contó sus problemas de trabajo y Sofía habló de su divorcio. La charla se alargó tanto que, al pedir la segunda ronda, las hijas de Carmen ya se habían casado. Cuando la camarera sirvió la tercera cerveza, Elena anunció que acababa de firmar los papeles de su jubilación. Entonces, las tres amigas miraron sus canas y comprendieron que se les había ido la vida entera.


Garantía de fábrica (Diapasón)


En treinta años afinando pianos aprendí que cada uno guarda una nota indómita. La mía se llama fa sostenido: vuelve a desafinarse a los tres días, siempre en la misma casa. Creen que es un defecto de fábrica. No les corrijo el error. Esa tecla no suena mal por el fieltro ni por el clima: conserva la voz del hijo que ya no vive allí. Cada vez que la ajusto, la casa vuelve a sonar como si nadie faltara. Ayer el padre me pidió, por primera vez, que no la tocara. Desde entonces, cobro por no tocarla.  

Fw: CORREPONDENCIA (MARDOQUEO)


Siguen llegando cartas a nombre de la antigua inquilina. Las recogemos del buzón y las guardamos en el cajón del recibidor. Pero al poco, aparecen abiertas con impaciencia sobre la vieja mecedora que decidimos no tirar. Si la misiva viene del otro lado del charco, la casa toda se estremece de felicidad. De la cocina llega un delicioso aroma a comida, pese a que ni mi mujer ni yo cocinamos, y podemos sentir la melodía de una alegre canción. Ambiente que contrasta con ese otro claustrofóbico e irrespirable cuando lo que llega es correo del banco.


Nervios (Poulain)

Salió rauda de casa movida por un olor que no le resultaba familiar. Pronto encontró compañía con la que conversar acerca de la gran pérdida que supuso la partida de su marido. Tenía sensaciones encontradas; por un lado, volver a ser autónoma y por otro la melancolía por haber perdido un hogar. Intentaba dar sentido a sus emociones mientras pensaba en cómo podría recuperar lo que había perdido, una contradicción en sí, pero una contradicción que no le dejaba dormir. La solución oscila entre el progreso o reconstruir lo que, felizmente, el gas había hecho volar por los aires. 

El sótano de los secretos- por Zoekity

Lucía bajó las escaleras crujientes hacia el sótano de su abuela fallecida. La penumbra olía a humedad y tiempo detenido. Entre telarañas y polvo, descubrió cajas repletas de objetos extraños: relojes sin manecillas, espejos que no reflejaban, llaves oxidadas sin cerradura aparente, fotografías de personas sin rostro.

En el rincón más oscuro, un baúl antiguo respiraba. Lucía lo abrió con manos temblorosas. Dentro, un diario con su nombre escrito en la portada. Lo abrió y leyó la primera línea:

"Querida Lucía, si lees ésto, ya sabes que nuestra familia guarda secretos que el mundo no debe conocer."

Merienda    (Milú)

 Nada más aterrizar el avión nos sentamos en una cafetería del aeropuerto a merendar. Mi sobrino americano pidió una hamburguesa y yo un bocadillo de morcilla. Al rato me preguntó qué comía. Respondí que un plato típico de la tierra, hecho con sangre. Puso cara de asco y quiso saber si en España hacíamos más cosas con sangre. Así, de repente, solo me vino otra a la cabeza:

─La Historia, sobrino. La Historia.

Piso compartido (Gonzalo Fernando de Córdoba)

 Soledad y Esperanza comparten piso.

Habitaciones separadas, coinciden junto a la cafetera.

A Soledad le gusta sin leche.

A Esperanza, con tertulia.

Así está el precio del alquiler.

jueves, 23 de julio de 2026

¡QUÉ GUSTO DA! (ANERIS TAKIWA)

¡QUÉ GUSTO DA!

Intentar dejar un interruptor de la luz en el medio y lograrlo, sacar punta al lápiz hasta dejarlo chiquitín, agujerear una goma de borrar con el lápiz, agujerear con el dedo un paquete de botellas de agua, beber coca cola del tapón, ir caminando mientras golpeas con las rodillas una bolsa de plástico, intentar canalizar el agua del grifo por el agujero del lavabo con tus propias manos, ponerte pinzas de tender la ropa en cada uno de tus dedos, explotar un plástico de burbujas, chafar una lata y caminar con ella, pintarte las uñas con rotulador.

Cuando aún éramos nosotros (Danella)

Me cuesta aceptar que todos se van. 

Rocío dejó la residencia. Iván, aquel piso. Corralejo dejó de ser verano y el almacén dejó de parecer Navidad.

Todos continuaron su camino.

Yo me quedé en el mío, mirando hacia atrás, esperando que alguien me agarrara de la mano y me sacara de aquel lugar.

Hasta que entendí que no quería salir de allí.

Quería que todos volvieran.

Y quizá ese era el problema.

Mientras ellos seguían construyendo recuerdos nuevos, yo seguía habitando los nuestros.

Entonces, un día miré hacia delante.

Como ellos hicieron.

Y no había nadie.

Pero tampoco faltaba nadie. 

"Verde y espigado" (Green)

VERDE Y ESPIGADO

 

Al entrar me crucé con la mirada asombrada del botones… Pocos tipos tan distinguidos como yo, con atuendo ceñido, verde amarillento, no del todo seco. Silbé mi melodía favorita y me abalancé sobre el ascensor rumbo a la azotea. Superé la trágica necesidad del estornudo, distraído por la luz de un día espléndido, ideal para inmortalizar mi destino. Dos opciones por mi mente. Descarte de la primera: no me iba a lanzar como un proyectil. Mejor la segunda: homenaje al bello arte del parapente. Sin duda, enseguida comprobaría que soy un moco con suerte.

LA VIEJA COSTUMBRE (Atlántida)

LA VIEJA COSTUMBRE (Atlántida)
Observó al marido sentado en el sofá, los ojos fijos en la ventana. Sabía reconocer aquella mirada: no estaba allí, sino junto a otra mujer. Quizá con la pelirroja que conoció aquel verano en la costa, con la joven que lo esperaba a la salida del trabajo o con aquella desconocida que dejó en su camisa un rastro de pintalabios. O tal vez con aquella otra mujer que fue su amante durante años. Entonces él volvió la cabeza y la miró como si regresara de un largo viaje. Tenía noventa años, pero conservaba vigorosa y joven su costumbre de engañarla.

Una partida globalmente fortuita (por Clístenes).

Miraban la caja tonta alejados de la realidad por la distancia. Como ellos, de norte a sur, de este a oeste, todos conocieron la película con desenlace desconocido. Los pasillos que germinaban esperanza y tiempo, amparados por el oro de un sol radiante, se volvieron fríos, lúgubres, cual reliquia barata que enmascara la triste historia del vendedor ambulante. La disnea se convirtió en soledad y lo insólito en una despedida vacía.

Ley de vida (Horizon)

El abrazo de la juventud encandilaba nuestros corazones. Tus mejillas se sonrojaban con decir “te quiero”.

          Creíamos que el tiempo se detenía, pero corrió deprisa. Ilustró mi rostro con surcos labrados por la Historia, esculpió tu cuerpo con los cinceles de Cronos. Compartimos un destino, pero tu vida se marchitó.

          El aliento de la brisa me acaricia. La sal deja su huella por los regueros que trazan mis lágrimas…

           Ley de Vida.

          Habrá un mañana que selle nuestro reencuentro; y derrotaremos a la Ley de Vida indolente en los territorios ignotos donde reina la felicidad eterna.

          Juntos otra vez.

Un mar de tinta (Esteban García)

En un mar de tinta, una ballena blanca huía de aquel temido bajel pirata. Un garfio golpeaba la cubierta, mientras un imberbe de verdes mayas desafiaba el paso del tiempo. El acero bailaba en manos de aquel mosquetero, Penélope destrozaba un telar. Brindaba por la cordura un sombrero con un descerebrado espantapájaros. Un hidalgo caballero enfrentaba molinos y  un tal Jekyll maldecía  su alter ego. El hijo de un carpintero mostraba la otra mejilla ante los agravios del presuntuoso señor Gray. Todo ello en aquella vieja  biblioteca murciana, mientras aquella zagala, libro en mano, gritaba; “ya no estamos en Kansas”. 

La trenza (EL BÚHO Y LA LUNA)

LA TRENZA

 

La primera trenza quedó torcida. Paula se miró en el espejo.

No dijo que estaba mal. Pero tampoco sonrió.

Damián la vio desde la puerta.

Aquella noche buscó: «Cómo hacer una trenza».

Después llegaron muchas mañanas.

Dedos torpes.

Gomas rotas.

El pelo se escapaba entre los dedos.

Paula esperaba paciente, sentada en el taburete, custodiando el silencio de la casa vacía.

Él respiraba hondo. Peinaba con mimo cada mechón rebelde.

Deshacía la trenza despacio y volvía a empezar. Cada mañana un poco mejor.

Un día se miró al espejo.

Por primera vez sonrió.

Y dijo:

—Así me la hacía mamá.

 

 

Tres Salidas (Kiko Piñeiro)

Tres salidas

Las salidas eran pocas. Solo tres.

Unidad de agudos.
Centro penitenciario.
La muerte.

Las escuché tantas veces en terapia que acabaron sonando a tópico. Hasta que dejaron de serlo.

La última raya no buscaba euforia. Solo apagar el ruido. Entonces la muerte dejó de parecer un final y empezó a parecer un descanso.

Las luces me herían las retinas mientras me examinaban. Yo solo pedía una dosis más. Diez días entre correas, gritos y el olor a orín viejo.

Hoy escribo esto limpio.

Sobrio.

Vivo.

No porque encontrara una cuarta salida.

Porque decidí dejar de caminar hacia las otras tres.



Título: Cuentos remendados (Seshat)


Mientras cose, la abuela entreteje historias familiares. Hilvana recuerdos con leyendas que la niña escucha. Fábulas sobre parientes lejanos convertidos en héroes o villanos, junto a musas ancestrales.

Nunca se da puntada sin hilo, repite.

La nieta observa las tonalidades de los pájaros dibujados en la tela. Sus colores y expresiones, que cambian de forma o tamaño según los relatos. Y mueven sus alas al compás de la máquina de coser historias que crean otras.

CINCO KILÓMETROS (LAVÁNDULA)

Estoy agotado. Esta rampa del Camino no figuraba en mi guía. Nuevo destino: Larrasoaña, a cinco kilómetros. Camino dos horas entre trigos agostados; el sudor me ciega. Cartel: «Larrasoaña, 5 km». Me exaspero. Sigo. Nuevo cartel: «Larrasoaña, 5 km». Por primera vez dudo del camino... y de mí. Continúo. Un tractor rompe el silencio

—¿Voy bien a Larrasoaña?

—Sí. A cinco kilómetros.

Acabo rendido bajo la escasa sombra de un árbol seco. Enfrente, otro cartel parece burlarse de mí: «Larrasoaña, 5 km». Una gota de sudor alcanza mis labios. Saco la lengua. La mosca llega antes.

Las cigarras siguen cantando.

Carta de Don Francisco desde la tumba (Gala Navarro)

 Si Dios me concediera un cuarto de hora para desatar la mortaja y asomarme a la Villa, no me espantarían vuestras carretas sin mulas ni vuestros espejos parlantes. Me helaría el alma comprobar que el ingenio se ha vuelto mendigo de un aplauso en miniatura. Antaño matábamos por un soneto; hoy, os desangráis por la mirada de mil ciegos. 

Decís que habéis vencido a la distancia, pero os oigo hablar solo con las sombras de vuestros bolsillos. 
Si levantara la cabeza, señorías, no sería para juzgaros, sino para pedir que me vuelvan a tapar inmediatamente.  

Mirar hacia arriba (Vesta Victoria)

Crecí creyéndome polvo. Uno más entre miles. Polvo de calles, de bolsillos y de zapatos cansados.

Un día alguien acercó una llama.

No me quemó: me lanzó.

Subí temblando. Luego estallé sobre la noche.

Abajo, el pueblo levantó la vista. Los niños señalaron el cielo. Los mayores sonrieron. Durante un instante, desconocidos compartieron el mismo asombro. Las conversaciones se detuvieron.

Después surgieron otros destellos, dibujando formas fugaces.

Cuando me apagué, regresé convertido en ceniza.

La plaza seguía llena.

Nadie miraba ya donde había estado.

Todos seguían mirando hacia arriba.

Entre ellos distinguí a alguien acercando una llama, en silencio, también. 

Distracciones (Toretto)

La entrada es lo más importante. Tienes que sorprenderles. Entra gritando. O quédate quieto. Ponte a bailar. No empieces directamente, distráeles. Tienen que morder el anzuelo, o estarás perdido. Un teatrillo, un chiste, que no se acostumbren. Cuando piensen que saben lo que va a llegar, cambia de dirección. Vuelve a hacerlo, que fluyan con tus olas como una medusa. Suaves, flotando, ahí es donde los quieres. Y entonces, como un regate, rómpeles la cadera. Has de ser rapidísimo. Porque cuando se levanten, para cuando se den cuenta de lo que está sucediendo, habrán aprendido ecuaciones de segundo grado

miércoles, 22 de julio de 2026

ELIGE (Meandro Melero)


El tiempo navego (Tita)

El relojero guardaba el tiempo en botellas, corchos que eran años que nadie quería olvidar. Había una guardada en el armario: "abrir solo en un momento muy especial".

Pasaron bodas, muertes y nietos. Hasta que una niña entró, llevaba un barco en las manos y vio una botella brillante. Abrió el armario, escuchó una voz que le susurró "ha llegado el momento" y la botella se abrió mágicamente. El barquito se deslizó por el orificio.

Y el tiempo por fin navegó, entre olas de recuerdos e ilusiones infantiles.

Histéresis afectiva (Innana)

El informe era concluyente: toda persona modifica ligeramente la materia de quienes ha amado. Años después de una separación, los huesos conservan desviaciones microscópicas, la temperatura de la piel cambia unas milésimas y la luz tarda un poco más en atravesar el aire que los rodea. Los científicos lo llamaron histéresis afectiva.A nadie se le ocurrió discutir el nombre. Solo una anciana levantó la mano y preguntó cuánto tardaría en dejar de deformar el mundo el cuerpo de su hijo muerto. El director del proyecto cerró la carpeta. Era la única pregunta para la que no habían preparado contestación.


"Esta dentro" (Regaliz)

 Estoy buscándote en cada rincón. ¿Dónde estás? Te busco en mis relaciones, en mis amistades, en mi padre y en mi madre, en el trabajo, en mi pareja, en mis compañeros de trabajo. Llevo buscándote desde que algo o alguien decidió que te olvidara.

He acabado enfadada con todas y cada una de las personas que han pasado por mi vida por no ser capaces de amarme, de mirarme como yo quiero y como yo necesito.
De repente me quedo completamente sola y, entonces, puedo verte. No estabas allá. Siempre estuviste aquí.

"Fuego Eterno" de "Yo no soy esa"

 

Fuego eterno

Le gustaban su elegancia, su silencio y aquella manera de esperarlo siempre en el mismo lugar. Él le llevaba rosas, recitaba poemas y confesaba sus secretos. Ella nunca protestaba, jamás interrumpía ni pedía explicaciones.

Un domingo se arrodilló frente a ella, sacó un anillo y preguntó:

—¿Quieres casarte conmigo?

Entonces sonó una alarma. Dos vigilantes corrieron hacia él.

—Señor, aléjese inmediatamente.

Él la abrazó.

—¡No pueden separarnos!

El vigilante suspiró.

—Necesitamos usar el extintor.

 

"SIN ESCAPATORIA" (POZAIRÓN)

                                                                        SIN ESCAPATORIA
   

        Aunque la relación ya llevaba años, Andrea se encontraba en un callejón sin salida del que le resultaba imposible salir... Empezó pronto, con tan sólo diecisiete años, y sin darse cuenta se fue dejando arrastrar por él sin ofrecer resistencia alguna a su seducción: era ya tarde cuando comprendió y supo que aquel amante rubio le traicionaría, y por más caricias que le regalase, por más que consintiera  que lamiese sus labios, nublase su vista o por más generosa que fuera permitiendo, incluso, que se introdujese en su propio cuerpo, él terminaría haciéndola daño, abandonando o, peor aún, asesinando... ¡¡Maldito tabaco!!