jueves, 23 de julio de 2026

Cuando aún éramos nosotros (Danella)

Me cuesta aceptar que todos se van. 

Rocío dejó la residencia. Iván, aquel piso. Corralejo dejó de ser verano y el almacén dejó de parecer Navidad.

Todos continuaron su camino.

Yo me quedé en el mío, mirando hacia atrás, esperando que alguien me agarrara de la mano y me sacara de aquel lugar.

Hasta que entendí que no quería salir de allí.

Quería que todos volvieran.

Y quizá ese era el problema.

Mientras ellos seguían construyendo recuerdos nuevos, yo seguía habitando los nuestros.

Entonces, un día miré hacia delante.

Como ellos hicieron.

Y no había nadie.

Pero tampoco faltaba nadie. 

"Verde y espigado" (Green)

VERDE Y ESPIGADO

 

Al entrar me crucé con la mirada asombrada del botones… Pocos tipos tan distinguidos como yo, con atuendo ceñido, verde amarillento, no del todo seco. Silbé mi melodía favorita y me abalancé sobre el ascensor rumbo a la azotea. Superé la trágica necesidad del estornudo, distraído por la luz de un día espléndido, ideal para inmortalizar mi destino. Dos opciones por mi mente. Descarte de la primera: no me iba a lanzar como un proyectil. Mejor la segunda: homenaje al bello arte del parapente. Sin duda, enseguida comprobaría que soy un moco con suerte.

LA VIEJA COSTUMBRE (Atlántida)

LA VIEJA COSTUMBRE (Atlántida)
Observó al marido sentado en el sofá, los ojos fijos en la ventana. Sabía reconocer aquella mirada: no estaba allí, sino junto a otra mujer. Quizá con la pelirroja que conoció aquel verano en la costa, con la joven que lo esperaba a la salida del trabajo o con aquella desconocida que dejó en su camisa un rastro de pintalabios. O tal vez con aquella otra mujer que fue su amante durante años. Entonces él volvió la cabeza y la miró como si regresara de un largo viaje. Tenía noventa años, pero conservaba vigorosa y joven su costumbre de engañarla.

Una partida globalmente fortuita (por Clístenes).

Miraban la caja tonta alejados de la realidad por la distancia. Como ellos, de norte a sur, de este a oeste, todos conocieron la película con desenlace desconocido. Los pasillos que germinaban esperanza y tiempo, amparados por el oro de un sol radiante, se volvieron fríos, lúgubres, cual reliquia barata que enmascara la triste historia del vendedor ambulante. La disnea se convirtió en soledad y lo insólito en una despedida vacía.

Ley de vida (Horizon)

El abrazo de la juventud encandilaba nuestros corazones. Tus mejillas se sonrojaban con decir “te quiero”.

          Creíamos que el tiempo se detenía, pero corrió deprisa. Ilustró mi rostro con surcos labrados por la Historia, esculpió tu cuerpo con los cinceles de Cronos. Compartimos un destino, pero tu vida se marchitó.

          El aliento de la brisa me acaricia. La sal deja su huella por los regueros que trazan mis lágrimas…

           Ley de Vida.

          Habrá un mañana que selle nuestro reencuentro; y derrotaremos a la Ley de Vida indolente en los territorios ignotos donde reina la felicidad eterna.

          Juntos otra vez.

Un mar de tinta (Esteban García)

En un mar de tinta, una ballena blanca huía de aquel temido bajel pirata. Un garfio golpeaba la cubierta, mientras un imberbe de verdes mayas desafiaba el paso del tiempo. El acero bailaba en manos de aquel mosquetero, Penélope destrozaba un telar. Brindaba por la cordura un sombrero con un descerebrado espantapájaros. Un hidalgo caballero enfrentaba molinos y  un tal Jekyll maldecía  su alter ego. El hijo de un carpintero mostraba la otra mejilla ante los agravios del presuntuoso señor Gray. Todo ello en aquella vieja  biblioteca murciana, mientras aquella zagala, libro en mano, gritaba; “ya no estamos en Kansas”. 

La trenza (EL BÚHO Y LA LUNA)

LA TRENZA

 

La primera trenza quedó torcida. Paula se miró en el espejo.

No dijo que estaba mal. Pero tampoco sonrió.

Damián la vio desde la puerta.

Aquella noche buscó: «Cómo hacer una trenza».

Después llegaron muchas mañanas.

Dedos torpes.

Gomas rotas.

El pelo se escapaba entre los dedos.

Paula esperaba paciente, sentada en el taburete, custodiando el silencio de la casa vacía.

Él respiraba hondo. Peinaba con mimo cada mechón rebelde.

Deshacía la trenza despacio y volvía a empezar. Cada mañana un poco mejor.

Un día se miró al espejo.

Por primera vez sonrió.

Y dijo:

—Así me la hacía mamá.

 

 

Tres Salidas (Kiko Piñeiro)

Tres salidas

Las salidas eran pocas. Solo tres.

Unidad de agudos.
Centro penitenciario.
La muerte.

Las escuché tantas veces en terapia que acabaron sonando a tópico. Hasta que dejaron de serlo.

La última raya no buscaba euforia. Solo apagar el ruido. Entonces la muerte dejó de parecer un final y empezó a parecer un descanso.

Las luces me herían las retinas mientras me examinaban. Yo solo pedía una dosis más. Diez días entre correas, gritos y el olor a orín viejo.

Hoy escribo esto limpio.

Sobrio.

Vivo.

No porque encontrara una cuarta salida.

Porque decidí dejar de caminar hacia las otras tres.



Título: Cuentos remendados (Seshat)


Mientras cose, la abuela entreteje historias familiares. Hilvana recuerdos con leyendas que la niña escucha. Fábulas sobre parientes lejanos convertidos en héroes o villanos, junto a musas ancestrales.

Nunca se da puntada sin hilo, repite.

La nieta observa las tonalidades de los pájaros dibujados en la tela. Sus colores y expresiones, que cambian de forma o tamaño según los relatos. Y mueven sus alas al compás de la máquina de coser historias que crean otras.

CINCO KILÓMETROS (LAVÁNDULA)

Estoy agotado. Esta rampa del Camino no figuraba en mi guía. Nuevo destino: Larrasoaña, a cinco kilómetros. Camino dos horas entre trigos agostados; el sudor me ciega. Cartel: «Larrasoaña, 5 km». Me exaspero. Sigo. Nuevo cartel: «Larrasoaña, 5 km». Por primera vez dudo del camino... y de mí. Continúo. Un tractor rompe el silencio

—¿Voy bien a Larrasoaña?

—Sí. A cinco kilómetros.

Acabo rendido bajo la escasa sombra de un árbol seco. Enfrente, otro cartel parece burlarse de mí: «Larrasoaña, 5 km». Una gota de sudor alcanza mis labios. Saco la lengua. La mosca llega antes.

Las cigarras siguen cantando.

Carta de Don Francisco desde la tumba (Gala Navarro)

 Si Dios me concediera un cuarto de hora para desatar la mortaja y asomarme a la Villa, no me espantarían vuestras carretas sin mulas ni vuestros espejos parlantes. Me helaría el alma comprobar que el ingenio se ha vuelto mendigo de un aplauso en miniatura. Antaño matábamos por un soneto; hoy, os desangráis por la mirada de mil ciegos. 

Decís que habéis vencido a la distancia, pero os oigo hablar solo con las sombras de vuestros bolsillos. 
Si levantara la cabeza, señorías, no sería para juzgaros, sino para pedir que me vuelvan a tapar inmediatamente.  

Mirar hacia arriba (Vesta Victoria)

Crecí creyéndome polvo. Uno más entre miles. Polvo de calles, de bolsillos y de zapatos cansados.

Un día alguien acercó una llama.

No me quemó: me lanzó.

Subí temblando. Luego estallé sobre la noche.

Abajo, el pueblo levantó la vista. Los niños señalaron el cielo. Los mayores sonrieron. Durante un instante, desconocidos compartieron el mismo asombro. Las conversaciones se detuvieron.

Después surgieron otros destellos, dibujando formas fugaces.

Cuando me apagué, regresé convertido en ceniza.

La plaza seguía llena.

Nadie miraba ya donde había estado.

Todos seguían mirando hacia arriba.

Entre ellos distinguí a alguien acercando una llama, en silencio, también. 

Distracciones (Toretto)

La entrada es lo más importante. Tienes que sorprenderles. Entra gritando. O quédate quieto. Ponte a bailar. No empieces directamente, distráeles. Tienen que morder el anzuelo, o estarás perdido. Un teatrillo, un chiste, que no se acostumbren. Cuando piensen que saben lo que va a llegar, cambia de dirección. Vuelve a hacerlo, que fluyan con tus olas como una medusa. Suaves, flotando, ahí es donde los quieres. Y entonces, como un regate, rómpeles la cadera. Has de ser rapidísimo. Porque cuando se levanten, para cuando se den cuenta de lo que está sucediendo, habrán aprendido ecuaciones de segundo grado

miércoles, 22 de julio de 2026

ELIGE (Meandro Melero)


El tiempo navego (Tita)

El relojero guardaba el tiempo en botellas, corchos que eran años que nadie quería olvidar. Había una guardada en el armario: "abrir solo en un momento muy especial".

Pasaron bodas, muertes y nietos. Hasta que una niña entró, llevaba un barco en las manos y vio una botella brillante. Abrió el armario, escuchó una voz que le susurró "ha llegado el momento" y la botella se abrió mágicamente. El barquito se deslizó por el orificio.

Y el tiempo por fin navegó, entre olas de recuerdos e ilusiones infantiles.

Histéresis afectiva (Innana)

El informe era concluyente: toda persona modifica ligeramente la materia de quienes ha amado. Años después de una separación, los huesos conservan desviaciones microscópicas, la temperatura de la piel cambia unas milésimas y la luz tarda un poco más en atravesar el aire que los rodea. Los científicos lo llamaron histéresis afectiva.A nadie se le ocurrió discutir el nombre. Solo una anciana levantó la mano y preguntó cuánto tardaría en dejar de deformar el mundo el cuerpo de su hijo muerto. El director del proyecto cerró la carpeta. Era la única pregunta para la que no habían preparado contestación.


"Esta dentro" (Regaliz)

 Estoy buscándote en cada rincón. ¿Dónde estás? Te busco en mis relaciones, en mis amistades, en mi padre y en mi madre, en el trabajo, en mi pareja, en mis compañeros de trabajo. Llevo buscándote desde que algo o alguien decidió que te olvidara.

He acabado enfadada con todas y cada una de las personas que han pasado por mi vida por no ser capaces de amarme, de mirarme como yo quiero y como yo necesito.
De repente me quedo completamente sola y, entonces, puedo verte. No estabas allá. Siempre estuviste aquí.

"Fuego Eterno" de "Yo no soy esa"

 

Fuego eterno

Le gustaban su elegancia, su silencio y aquella manera de esperarlo siempre en el mismo lugar. Él le llevaba rosas, recitaba poemas y confesaba sus secretos. Ella nunca protestaba, jamás interrumpía ni pedía explicaciones.

Un domingo se arrodilló frente a ella, sacó un anillo y preguntó:

—¿Quieres casarte conmigo?

Entonces sonó una alarma. Dos vigilantes corrieron hacia él.

—Señor, aléjese inmediatamente.

Él la abrazó.

—¡No pueden separarnos!

El vigilante suspiró.

—Necesitamos usar el extintor.

 

"SIN ESCAPATORIA" (POZAIRÓN)

                                                                        SIN ESCAPATORIA
   

        Aunque la relación ya llevaba años, Andrea se encontraba en un callejón sin salida del que le resultaba imposible salir... Empezó pronto, con tan sólo diecisiete años, y sin darse cuenta se fue dejando arrastrar por él sin ofrecer resistencia alguna a su seducción: era ya tarde cuando comprendió y supo que aquel amante rubio le traicionaría, y por más caricias que le regalase, por más que consintiera  que lamiese sus labios, nublase su vista o por más generosa que fuera permitiendo, incluso, que se introdujese en su propio cuerpo, él terminaría haciéndola daño, abandonando o, peor aún, asesinando... ¡¡Maldito tabaco!!


                                                    

"leña Florecida" (Tristán Urón)

 Una niña cruzó un bosque incendiado y vio a dos hermanos golpearse con palos por los restos de una cosecha estéril, mientras empresas madereras devoraban Asturias. Intentó detenerlos, pero uno mató al otro. Temblando, secó la sangre de su padre con la camisa y lloró sobre su pecho. El asesino, roto por el horror, abrazó un tronco calcinado donde sobrevivía un brote verde. Los pájaros descendieron, llorando por la niña, el muerto y sus nidos perdidos. Entonces Dios, avergonzado por su omisión, dejó caer un puñado de semillas: eran las palabras.

MILAGRO (Eliseo)

 

Un tibio susurro que va “in crescendo” despierta la tierra. Un leve temblor agita las raíces para que despabilen. Los brotes asoman tímidos, buscando desesperadamente la luz y liberando colores que aún no existen del todo. El aire cambia: huele a dulce promesa, a agua fresca que regresa, a suave piel que se hidrata. Las flores abren sus pétalos de seda y muestran un complejo mundo de matices y espectros de color. Los pajaritos ensayan nuevas melodías, celebrando el milagro. 

En ese instante, el sol roza la mañana con dedos dorados, y el mundo comprende que ha nacido la primavera.

 

La asesina de la pastita de té (El duende del parque)

 —Quien se tomó primero el café es la asesina. Es elemental y fácilmente deducible, una taza vacía mientras el resto aún humean. A nuestra malhechora le dio incluso tiempo de dar un bocadito a esa pastita de té. Posiblemente extranjera y adoptada, lo deduzco porque nadie cogería la pastita de coco habiendo otras disponibles, solo a los perturbados les gusta el coco.


Observé su diatriba impertérrita. Mi interlocutora sin duda había aprendido del mejor y tenía mala intención en sus alocuciones. Terminé mi pastita de coco y comenté:

—Mamá, tienes muy mal perder, esto no es el «Cluedo». Jaque mate.

COMUNICADO GENERAL SOBRE LA CONVOCATORIA Y PARTICIPACIÓN EN EL XIII CONCURSO DE MICRORRELATOS DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL DE TORRE PACHECO

  XIII CONCURSO DE MICRORRELATOS DE LA

BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL  DE TORRE-PACHECO

 

COMUNICADO GENERAL Y URGENTE:

 

ACLARACIÓN SOBRE LA CONVOCATORIA Y PARTICIPACIÓN

DEL 10 AL 29 DE JULIO DE 2026 (AMBOS INCLUSIVE)

 

Estimados/as amigos/as participantes:

Desde la Biblioteca Pública Municipal del Ayuntamiento de Torre Pacheco (Murcia) les dirigimos el presente comunicado general a través del blog del XIII Concurso de Microrrelatos de la Biblioteca Pública Municipal de Torre Pacheco, para informarles y realizarles la aclaración necesaria ante los mensajes recibidos de algunos participantes notificándonos una incidencia técnica del servidor del blog rechazando el envío del microrrelato.


Desconocemos el motivo de esta incidencia que no había ocurrido hasta ahora para anteriores convocatorias del certamen. Rogamos por favor que comprueben que la dirección de correo escrita es la correcta:

microrrelatosbibliotecapacheco.concurso@blogger.com


Las bases de la convocatoria estipulan que todos los microrrelatos participantes se publicarán. Habitualmente veníamos editándolos cuando finalizaba el plazo de presentación de obras. Dada esta incidencia y a fin de garantizar la participación y concurrencia a este concurso, las obras serán publicadas a la recepción de las mismas, de modo que quien no vea publicado su microrrelato pueda comunicarlo a la biblioteca:

biblioteca@torrepacheco.es

Teléfono: 968 578174

 

Manifestándoles la disculpa y preocupación en nombre del Ayuntamiento de Torre Pacheco, y esperando poder contar con sus participaciones en el concurso, reciban nuestro más cordial saludo.

Presentación (GILU)

El coche tosió al arrancar. Pasé a por Lucas por Chamberí y viajamos callados, de perfil. En el tanatorio, incapaz de ver el cajón, me escapé al baño.

Un primo me preguntó junto al urinario si Javi se la había pillado él mismo. Contesté que no éramos detectives. El chaval tragó saliva y soltó:


—Llamó a su madre antes de palmarla, diciendo que estaba con su mejor colega.

Me quedé helado. Me miró a los ojos:


—Nunca me dijiste cómo te llamabas.

Dije mi nombre. Y el chico se fue apurado, sin lavarse las manos.

(EL PORTAVOZ - Papafrita)

 Estando el señor presidente preocupado por la crisis económica que asolaba al país, decidió convocar de forma individual a cada uno de sus consejeros, al objeto de detectar quién reunía el perfil más adecuado para informar a los ciudadanos sobre la situación. Cada uno le fue manifestando su propia percepción. Cuando le fue requerida su opinión a Cándido Inocencio Simplicius, éste contestó: ¿crisis?, ¿qué crisis? Fue el elegido.

Última voluntad (Amaranta)

Mi última voluntad fue un plato de michirones que quise compartirlo con mis verdugos, unos adolescentes que me confesaron que sería su primera ejecución. Declinaron la invitación por andar angustiados, así que comí hasta saciarme.

No protesté la sentencia. Soy realista y entiendo cómo son las cosas. Las pruebas  eran claras y los testigos fiables. Disparé tres tiros a ese hombre importante.

El capitán del pelotón dio la orden de disparar y ninguno de esos chiquillos acertó. Me hubiese gustado instruirlos para que esto acabara pronto, pero no sé manejar un arma, en mi vida disparé una.

martes, 21 de julio de 2026

El repartidor (Mouse 444)


Klau aguantó en silencio. Al otro lado de la mirilla estaba el repartidor con un paquete en la mano. Volvió a tocar el timbre. A Klau le encantaba el hoyuelo de sus mejillas, pero, una vez más, no se atrevió a abrir la puerta. El repartidor resopló e hizo el amago de llamar a la vecina de enfrente, aunque finalmente desistió. Klau corrió hasta la ventana para verlo salir. Solo alcanzó a ver su torso mientras subía a la furgoneta. Cuando desapareció, buscó el teléfono móvil y, otra vez, compró cualquier cosa con la esperanza de volver a verlo mañana.



EL TORNILLO (BRICOLAJE)

EL TORNILLO

 

Soy uno de los tornillos de la bolsa. Formamos una oda a la diversidad.

A veces nuestro amo nos saca y nos hace formar en fila, y elige algunos. La “Elección” es el mayor honor. Algunos son devueltos y señalados por los demás como repudiados.

Siempre llegan nuevos compañeros.

Deseo culminar una misión. Sentirme útil.

Soy “rosca métrica cuatro” de cabeza plana, peinado con la raya en medio, lo que está un poco anticuado. Sueño con encontrar a mi tuerca, imaginando cómo se enroscará suavemente en mi vástago. Entonces, unido a mi amada, seremos “elegidos” y dejaremos la bolsa.

Dogma de fe (Sileno)

El anciano devoto llevaba cincuenta años custodiando la reliquia en el altar del templo. Nadie, ni siquiera los obispos, tenía permitido abrir aquel cofre de bronce sellado. Se decía que en su interior descansaba la prueba irrefutable de la verdad divina.

Aquella madrugada, sintiendo el aliento helado de la muerte rondar sobre su pecho, rompió el sello sagrado para contemplarla por primera y última vez.

Dentro solo había un pequeño espejo cóncavo y bastante desgastado.

Lo observó detenidamente en un silencio atroz.

Después devolvió la pesada tapa a su sitio.

Comprendió entonces, con pavor, por qué nadie debía abrirlo jamás.


“El escalón 1576” (Alister Bulsara)

 «Luis llegó exhausto al mirador del Empire State. Minutos más tarde, observa desde allí los tonos grises y azules de Manhattan y el Hudson. Recuerda el blanco y negro de la película de Kong. Comprende la angustia de Ann Darrow. Siente esa blanca sensación de alivio al dejar de escuchar el ruido ensordecedor de sus perseguidores. Jadea tras 86 pisos de esfuerzo agonístico, subiendo las escaleras con impulso extremo. El objetivo de Luis era alcanzar ese escalón 1576...; el de la mayoría de los atletas era otro... ¡ganar la Run-Up!»

Una elección (La dama roja)

Todo comenzó a cambiar una tarde de otoño en la que decidió saltarse la merienda. Al día siguiente esquivó la charla del desayuno.

Pronto abandonó la bicicleta del gimnasio, las lecturas en la biblioteca, los paseos por el jardín y aquellas citas en los servicios de peluquería y podología que su hija insistía en reservarle.

En la residencia todos culpaban a la vejez, pero era otra cosa: con cada descarte se sentía más ligero. Le inundaba una invencible pereza de vivir.

Hoy, por fin, ha resuelto dejar de respirar durante ese minuto que dura el insoportable perfume del nuevo enfermero.

Resiliencia (Mauro Menza)

Marina enfermaba por el mero hecho de tener que enfrentarse a los avatares de la vida. Hasta el más mínimo problema cotidiano resultaba un motivo de profunda desazón y sufrimiento para ella.

Una cita amorosa o un examen de matemáticas, bastaban para desencadenar en su cuerpo una sucesión de taquicardias, cefaleas, pruritos, eccemas, diarreas, vómitos, fiebres y sudores.

Y es por ello que, cuando murió, estaba perfectamente sana.

 

El juicio (Óscar Figueiro)

Sara afrontaba el encargo más difícil de su carrera como ilustradora judicial: retratar a su marido, Carlos, acusado de un crimen que no había cometido.
Entonces, cuando llamaron al último testigo y el fiscal pidió que identificara al acusado, Sara vislumbró una posible salida. Bajó la vista y acercó la goma al papel.
Borró la nariz.
—¿Es él? —preguntó el fiscal.
El testigo dudó.
Borró la mandíbula. Después, el dibujo entero.
Y cuando Carlos hubo desaparecido por completo, Sara borró su firma en la esquina del folio y fue a reunirse con él, allí donde lo hubiera llevado el papel.

Sol (Ginés Dosantos)

La nube de cabezas del andén comienza a deslizarse tras la ventanilla y sonrío porque Luna ha olvidado su libro. Ese no es su nombre, sino el astro que ilumina la portada. Nuestros encuentros son eclipses cotidianos de lentos párpados y apenas dos paradas; bailes de miradas sobre una flecha, blanca y roja, que mueren en la estación al alba. Finjo leer la novela, titulada «Cercanos», mientras trazo un sonrojado «Creo que esto es tuyo» sobre mis labios. Y circulo de puntillas sobre las arqueadas vías de cada sonido hasta que el apeadero barre el lateral del convoy.

COMUNICADO GENERAL SOBRE LA CONVOCATORIA Y PARTICIPACIÓN EN EL XIII CONCURSO DE MICRORRELATOS DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL DE TORRE PACHECO

 XIII CONCURSO DE MICRORRELATOS DE LA

BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL  DE TORRE-PACHECO

 

COMUNICADO GENERAL Y URGENTE:

 

ACLARACIÓN SOBRE LA CONVOCATORIA Y PARTICIPACIÓN

DEL 10 AL 29 DE JULIO DE 2026 (AMBOS INCLUSIVE)

 

Estimados/as amigos/as participantes:

Desde la Biblioteca Pública Municipal del Ayuntamiento de Torre Pacheco (Murcia) les dirigimos el presente comunicado general a través del blog del XIII Concurso de Microrrelatos de la Biblioteca Pública Municipal de Torre Pacheco, para informarles y realizarles la aclaración necesaria ante los mensajes recibidos de algunos participantes notificándonos una incidencia técnica del servidor del blog rechazando el envío del microrrelato.


Desconocemos el motivo de esta incidencia que no había ocurrido hasta ahora para anteriores convocatorias del certamen. Rogamos por favor que comprueben que la dirección de correo escrita es la correcta:

microrrelatosbibliotecapacheco.concurso@blogger.com


Las bases de la convocatoria estipulan que todos los microrrelatos participantes se publicarán. Habitualmente veníamos editándolos cuando finalizaba el plazo de presentación de obras. Dada esta incidencia y a fin de garantizar la participación y concurrencia a este concurso, las obras serán publicadas a la recepción de las mismas, de modo que quien no vea publicado su microrrelato pueda comunicarlo a la biblioteca:

biblioteca@torrepacheco.es

Teléfono: 968 578174

 

Manifestándoles la disculpa y preocupación en nombre del Ayuntamiento de Torre Pacheco, y esperando poder contar con sus participaciones en el concurso, reciban nuestro más cordial saludo.

Alas de mariposa (Felisa de Burgo)

¡Qué guapa estás hoy!

A mí me encanta el lila ¿sabes?, siempre he querido tener un vestido de ese color. Mis mariposas son de ese tono, con el cuerpo flojito y las alas más fuerte, para que parezca que vuelan. Cuando mamá las vio no se creía que las hubiera hecho yo.

¿Quieres que te pinte a ti? El lápiz amarillo para el pelo, el violeta para el traje y el marrón para esos ojos que me miran tan fijamente.

Te rescataré del escaparate y vivirás feliz conmigo porque nunca me olvidaré de llevar la página de tu dibujo abierta.




lunes, 20 de julio de 2026

De pólvora y puñales (Alma ferrum)

La película fue excepcional. Más lo fue encontrar a quien me entendiera. Su mano, anillo de estrella, subió por mi pierna en el coche, rugiendo a caballos salvajes. Su voz, nube de algodón, susurraba sueños blancos. Amaba la vida.
Paró en un páramo. Sus dedos, puñales; su voz, truenos del diablo. Arrancó mi ropa.

Entonces, entre sus gruñidos, solo escuché el chasquido seco de mi bolso. Un destello. Olor a azufre.

Él se quedó mirando el agujero en su pecho, sorprendido. Yo, con la recarga humeante, susurré: "Gracias por la cena, cariño. La función ha terminado".

El finado. (Aristas Curvadas)

El finado


Fue nuestra locura… sin duda. 

Deshacerse de un cadáver no siempre es fácil. A saber dónde narices lo habrá enterrado o lo habré enterrado… si no es pasto de los peces, claro.

Por otro lado, no recuerdo muy bien quién es el autor. 

¿Seré yo? ¿Será el “otro”? Y hasta dudo de que se encuentre al finado. 

Mañana, en los titulares, especularán con el asesinato perpetrado por mi otro yo… o peor aún, por mi propio yo.

Y el caso es que, a esta hora, nuestro querido Robert Louis debería estar al llegar… si es que llega, claro.


(LA CONSIGNA - DEBEDEA)

El último tren pasó y Marcos se quedó encerrado en la estación. Buscando una salida a oscuras entre las vías, atisbó una escalera hacia una zona luminosa y subió. Alrededor, varias personas caminaban, ignorándose entre sí. De pronto, vio su mochila sobre un mostrador; ni se había percatado de que ya no la llevaba. Un aire gélido le atravesó la espina dorsal, separándolo de la realidad. Al levantar la vista, un cartel rezaba: CONSIGNA DE LAS ALMAS PERDIDAS. Comprendió que aquel cansancio que arrastraba no era hambre ni sueño, sino el peso de una existencia que acababa de soltarle la mano.

 

 

Herencia (Selene)

Herencia
Cuando murió mi madre, mis hermanos se repartieron la casa, las joyas, las fotografías y la vajilla.
A mí me dejaron su voz.
Ninguno la quiso.
Desde entonces, cada mañana, antes de salir, la escucho preguntarme si llevo las llaves.
Cada noche me recuerda que apague el gas.
A veces me riñe por llegar tarde.
El médico insiste en que son alucinaciones propias del duelo.
No le contradigo.
Si supiera cuánto silencio hay en las casas donde nadie vuelve a preguntar por las llaves, entendería que algunas voces no se quedan para asustarnos.
Se quedan para seguir siendo hogar siempre.

El hormiguero (Mela Felis)

Mina salió del hormiguero dispuesta a cumplir sus tareas. Se despidió de las guardianas y les deseó suerte en la lucha contra las indeseables, famosas por vivir del saqueo. Aquella conducta era tan impropia de las hormigas que daba vergüenza llamarlas así.
Al menos contaban con Eclipse, la avispa. Ella las protegía y, a cambio, recibía alimento y cobijo.
Acongojada por un presentimiento, Mina decidió regresar antes a la colonia. Al llegar, todo estaba destruido. Furiosa, buscó el rastro de las indeseables, pero no encontró ninguno. Tampoco sintió a Eclipse acercarse ni cómo su aguijón se clavaba en su espalda.

Inodepania (Jonás Marengo)

— ¡Mamá! ¿En Poznań teníais inodepania?

La pequeña levanta la pata, brazos en alto, al son de la musiquilla que sale del televisor. Su madre aparta la vista del portátil y se fija en los dos equipos en fila en la pantalla. Algunos jugadores se llevan la mano al pecho.

— ¡Ah! Him-no de Es-pa-ña —se ríe y se retira las gafas—. Cariño, cada país tiene el suyo y son todos diferentes.

— ¿Y cómo se baila?

— Los himnos no son para bailar, cielo.

La niña, ceño fruncido, madura la pregunta:

— Pero si no se bailan, ¿para qué son?

Perder la memoria (Eutiquio Guimaraes)

 No recordaba dónde lo había escondido y durante mucho tiempo dio por perdido el viejo plano escrito a lápiz en un papel cuadriculado y amarillento. Su nieto lo encontró por casualidad, sin dejar de apremiarle para que buscaran el tesoro. La cabeza del abuelo ya estaba a punto de perder la batalla contra el olvido, pero caminaron juntos observando cualquier detalle útil para orientarse en mitad del bosque.
Al llegar a un claro que no había pisado en décadas, volvieron a su memoria los disparos y los gritos, y el significado de la calavera en medio del mapa.

Camuflaje (H. Oliveira)

Dicen que mi locura es peligrosa. Yo pregunto por qué, pero no entiendo las explicaciones, y vuelvo a preguntar, y sigo sin entender; entonces empiezan los gestos ostensibles, las manos a la cabeza, los gritos y los reproches. Así que dejo de preguntar y aprendo a esconder mi locura. Solo en privado le doy rienda suelta. En público actúo como los demás y me comporto como ellos, y si veo que están reprendiendo a alguien porque su locura es peligrosa, me uno al grupo, y entre gritos y reproches, hago gestos ostensibles y me llevo las manos a la cabeza. 

FONTANERÍA AVANZADA (La niña de las pirámides)

Fontanería Avanzada

Se atasca el desagüe de la ducha.
No un atasco simbólico: uno real. El agua sube, se queda, piensa. Una piscina íntima.

Voy a la ferretería a por un producto para desatascar tuberías. El señor me mira. Luego mira el desatascador. Suspira.

Dice que es complicado.
Que es peligroso.
Que mejor lo haga mi marido.

Salgo sin producto, pero con una hoja de ruta: conocer a alguien. Enamorarme lo justo. Casarme. Explicarle lo del atasco. Mandarlo a la ferretería. Que no le dé miedo el producto. Que desatasque la ducha.

El señor tenía razón.
La fontanería es un asunto complejo.

Un día de pesca (J. Altrade)

Un día de pesca

"¿Algún problema?" espetó aquel energúmeno después de ocupar dos plazas con su cochazo mientras se apresuraba hacia el ascensor dónde despotricaba ahora por el móvil sobre una cena. Un pez gordo, oportunidad, lubinas, conseguir a tiempo, a toda costa.
La casualidad o el karma hizo que Pedro tomara el turno antes. La pescadera no entendía la insistencia de Pedro en confirmar que aquellas lubinas eran las últimas.
"¿No ibas a traer sardinas?" preguntó su mujer cuando se sentaron a la mesa.
"Era una oportunidad que tenía que aprovechar" contestó Pedro y al recordar que odiaba las lubinas añadió: "¿Algún problema?".

Llegada (La Flor de Niel)

 Desde lo alto del acantilado, el pequeño hombre se pregunta si alguna vez alguien habría conseguido la respuesta. 

¿Alguien habría logrado saber que sienten las olas cuando rompen? ¿Si perciben algo las rocas cuando se deshacen con el último impacto de agua? 


¿Qué notarán los pájaros cuando emprenden vuelo hacia el sol sin detenerse? ¿Y qué pensará el viento cuando pega contra la piedra? 


¿Qué percibirá la margarita cuando se desprende su última hoja? ¿Qué sensación experimentará esa misma lágrima que cae por su mejilla cuando toque el suelo? 


¿Alguna vez alguien habrá logrado saber que se siente al llegar?

Entre la espada y la pared (fatiflowrecords)

 Por unos instantes, existir era más temeroso que no hacerlo. Mis latidos me ensordecían, protegiéndome de la cruel realidad. Con el cuerpo deshidratado la vida se hacía rasposa. Sentía un frío gélido, el frío de la frontera entre la vida y la muerte. ¿En qué momento osé confiar? La sangre pesa y los humanos aman; ése es el estúpido argumento que me condujo hasta aquí. La valentía nació conmigo, por ser mora de sangre y cultivo español. Ninguna de mis patrias es santa, concluí. En ese instante, el pesado silencio me reveló a quién todos adoran en realidad. 

Alumbramiento (Ocho Mareas)

 Se recogió en la oquedad de la roca, entre algas oscuras, cuando el mar aún era tibio. Alumbró mil cuentas de cristal translúcido y decretó su propio ayuno. Cada día pesaba un poco menos. Los meses pasaron y su manto, antes bermellón, se fue apagando hasta la ceniza. Ahuyentaba a los cangrejos, oxigenaba cada cápsula con soplos rítmicos, contaba los días en mareas mientras sus ventosas perdían fuerza. Cuando por fin reventaron las primeras cápsulas, mil crías transparentes huyeron hacia la superficie sin mirar atrás. Flácida, descolorida, se dejó arrastrar por la corriente hasta donde antes ahuyentaba a los cangrejos.