martes, 21 de julio de 2026

EL TORNILLO (BRICOLAJE)

EL TORNILLO

 

Soy uno de los tornillos de la bolsa. Formamos una oda a la diversidad.

A veces nuestro amo nos saca y nos hace formar en fila, y elige algunos. La “Elección” es el mayor honor. Algunos son devueltos y señalados por los demás como repudiados.

Siempre llegan nuevos compañeros.

Deseo culminar una misión. Sentirme útil.

Soy “rosca métrica cuatro” de cabeza plana, peinado con la raya en medio, lo que está un poco anticuado. Sueño con encontrar a mi tuerca, imaginando cómo se enroscará suavemente en mi vástago. Entonces, unido a mi amada, seremos “elegidos” y dejaremos la bolsa.

Dogma de fe (Sileno)

Dogma de fe



El anciano devoto llevaba cincuenta años custodiando la reliquia en el altar del templo. Nadie, ni siquiera los obispos, tenía permitido abrir aquel cofre de bronce sellado. Se decía que en su interior descansaba la prueba irrefutable de la verdad divina.

Aquella madrugada, sintiendo el aliento helado de la muerte rondar sobre su pecho, rompió el sello sagrado para contemplarla por primera y última vez.

Dentro solo había un pequeño espejo cóncavo y bastante desgastado.

Lo observó detenidamente en un silencio atroz.

Después devolvió la pesada tapa a su sitio.

Comprendió entonces, con pavor, por qué nadie debía abrirlo jamás.


“El escalón 1576” (Alister Bulsara)

 «Luis llegó exhausto al mirador del Empire State. Minutos más tarde, observa desde allí los tonos grises y azules de Manhattan y el Hudson. Recuerda el blanco y negro de la película de Kong. Comprende la angustia de Ann Darrow. Siente esa blanca sensación de alivio al dejar de escuchar el ruido ensordecedor de sus perseguidores. Jadea tras 86 pisos de esfuerzo agonístico, subiendo las escaleras con impulso extremo. El objetivo de Luis era alcanzar ese escalón 1576...; el de la mayoría de los atletas era otro... ¡ganar la Run-Up!»

Una elección (La dama roja)

Todo comenzó a cambiar una tarde de otoño en la que decidió saltarse la merienda. Al día siguiente esquivó la charla del desayuno.

Pronto abandonó la bicicleta del gimnasio, las lecturas en la biblioteca, los paseos por el jardín y aquellas citas en los servicios de peluquería y podología que su hija insistía en reservarle.

En la residencia todos culpaban a la vejez, pero era otra cosa: con cada descarte se sentía más ligero. Le inundaba una invencible pereza de vivir.

Hoy, por fin, ha resuelto dejar de respirar durante ese minuto que dura el insoportable perfume del nuevo enfermero.

Resiliencia (Mauro Menza)

Marina enfermaba por el mero hecho de tener que enfrentarse a los avatares de la vida. Hasta el más mínimo problema cotidiano resultaba un motivo de profunda desazón y sufrimiento para ella.

Una cita amorosa o un examen de matemáticas, bastaban para desencadenar en su cuerpo una sucesión de taquicardias, cefaleas, pruritos, eccemas, diarreas, vómitos, fiebres y sudores.

Y es por ello que, cuando murió, estaba perfectamente sana.

 

El juicio (Óscar Figueiro)

Sara afrontaba el encargo más difícil de su carrera como ilustradora judicial: retratar a su marido, Carlos, acusado de un crimen que no había cometido.
Entonces, cuando llamaron al último testigo y el fiscal pidió que identificara al acusado, Sara vislumbró una posible salida. Bajó la vista y acercó la goma al papel.
Borró la nariz.
—¿Es él? —preguntó el fiscal.
El testigo dudó.
Borró la mandíbula. Después, el dibujo entero.
Y cuando Carlos hubo desaparecido por completo, Sara borró su firma en la esquina del folio y fue a reunirse con él, allí donde lo hubiera llevado el papel.

Sol (Ginés Dosantos)

La nube de cabezas del andén comienza a deslizarse tras la ventanilla y sonrío porque Luna ha olvidado su libro. Ese no es su nombre, sino el astro que ilumina la portada. Nuestros encuentros son eclipses cotidianos de lentos párpados y apenas dos paradas; bailes de miradas sobre una flecha, blanca y roja, que mueren en la estación al alba. Finjo leer la novela, titulada «Cercanos», mientras trazo un sonrojado «Creo que esto es tuyo» sobre mis labios. Y circulo de puntillas sobre las arqueadas vías de cada sonido hasta que el apeadero barre el lateral del convoy.

COMUNICADO GENERAL SOBRE LA CONVOCATORIA Y PARTICIPACIÓN EN EL XIII CONCURSO DE MICRORRELATOS DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL DE TORRE PACHECO

 XIII CONCURSO DE MICRORRELATOS DE LA

BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL  DE TORRE-PACHECO

 

COMUNICADO GENERAL Y URGENTE:

 

ACLARACIÓN SOBRE LA CONVOCATORIA Y PARTICIPACIÓN

DEL 10 AL 29 DE JULIO DE 2026 (AMBOS INCLUSIVE)

 

Estimados/as amigos/as participantes:

Desde la Biblioteca Pública Municipal del Ayuntamiento de Torre Pacheco (Murcia) les dirigimos el presente comunicado general a través del blog del XIII Concurso de Microrrelatos de la Biblioteca Pública Municipal de Torre Pacheco, para informarles y realizarles la aclaración necesaria ante los mensajes recibidos de algunos participantes notificándonos una incidencia técnica del servidor del blog rechazando el envío del microrrelato.


Desconocemos el motivo de esta incidencia que no había ocurrido hasta ahora para anteriores convocatorias del certamen. Rogamos por favor que comprueben que la dirección de correo escrita es la correcta:

microrrelatosbibliotecapacheco.concurso@blogger.com


Las bases de la convocatoria estipulan que todos los microrrelatos participantes se publicarán. Habitualmente veníamos editándolos cuando finalizaba el plazo de presentación de obras. Dada esta incidencia y a fin de garantizar la participación y concurrencia a este concurso, las obras serán publicadas a la recepción de las mismas, de modo que quien no vea publicado su microrrelato pueda comunicarlo a la biblioteca:

biblioteca@torrepacheco.es

Teléfono: 968 578174

 

Manifestándoles la disculpa y preocupación en nombre del Ayuntamiento de Torre Pacheco, y esperando poder contar con sus participaciones en el concurso, reciban nuestro más cordial saludo.

Alas de mariposa (Felisa de Burgo)

¡Qué guapa estás hoy!

A mí me encanta el lila ¿sabes?, siempre he querido tener un vestido de ese color. Mis mariposas son de ese tono, con el cuerpo flojito y las alas más fuerte, para que parezca que vuelan. Cuando mamá las vio no se creía que las hubiera hecho yo.

¿Quieres que te pinte a ti? El lápiz amarillo para el pelo, el violeta para el traje y el marrón para esos ojos que me miran tan fijamente.

Te rescataré del escaparate y vivirás feliz conmigo porque nunca me olvidaré de llevar la página de tu dibujo abierta.




lunes, 20 de julio de 2026

De pólvora y puñales (Alma ferrum)

La película fue excepcional. Más lo fue encontrar a quien me entendiera. Su mano, anillo de estrella, subió por mi pierna en el coche, rugiendo a caballos salvajes. Su voz, nube de algodón, susurraba sueños blancos. Amaba la vida.
Paró en un páramo. Sus dedos, puñales; su voz, truenos del diablo. Arrancó mi ropa.

Entonces, entre sus gruñidos, solo escuché el chasquido seco de mi bolso. Un destello. Olor a azufre.

Él se quedó mirando el agujero en su pecho, sorprendido. Yo, con la recarga humeante, susurré: "Gracias por la cena, cariño. La función ha terminado".

El finado. (Aristas Curvadas)

El finado


Fue nuestra locura… sin duda. 

Deshacerse de un cadáver no siempre es fácil. A saber dónde narices lo habrá enterrado o lo habré enterrado… si no es pasto de los peces, claro.

Por otro lado, no recuerdo muy bien quién es el autor. 

¿Seré yo? ¿Será el “otro”? Y hasta dudo de que se encuentre al finado. 

Mañana, en los titulares, especularán con el asesinato perpetrado por mi otro yo… o peor aún, por mi propio yo.

Y el caso es que, a esta hora, nuestro querido Robert Louis debería estar al llegar… si es que llega, claro.


(LA CONSIGNA - DEBEDEA)

El último tren pasó y Marcos se quedó encerrado en la estación. Buscando una salida a oscuras entre las vías, atisbó una escalera hacia una zona luminosa y subió. Alrededor, varias personas caminaban, ignorándose entre sí. De pronto, vio su mochila sobre un mostrador; ni se había percatado de que ya no la llevaba. Un aire gélido le atravesó la espina dorsal, separándolo de la realidad. Al levantar la vista, un cartel rezaba: CONSIGNA DE LAS ALMAS PERDIDAS. Comprendió que aquel cansancio que arrastraba no era hambre ni sueño, sino el peso de una existencia que acababa de soltarle la mano.

 

 

Herencia (Selene)

Herencia
Cuando murió mi madre, mis hermanos se repartieron la casa, las joyas, las fotografías y la vajilla.
A mí me dejaron su voz.
Ninguno la quiso.
Desde entonces, cada mañana, antes de salir, la escucho preguntarme si llevo las llaves.
Cada noche me recuerda que apague el gas.
A veces me riñe por llegar tarde.
El médico insiste en que son alucinaciones propias del duelo.
No le contradigo.
Si supiera cuánto silencio hay en las casas donde nadie vuelve a preguntar por las llaves, entendería que algunas voces no se quedan para asustarnos.
Se quedan para seguir siendo hogar siempre.

El hormiguero (Mela Felis)

Mina salió del hormiguero dispuesta a cumplir sus tareas. Se despidió de las guardianas y les deseó suerte en la lucha contra las indeseables, famosas por vivir del saqueo. Aquella conducta era tan impropia de las hormigas que daba vergüenza llamarlas así.
Al menos contaban con Eclipse, la avispa. Ella las protegía y, a cambio, recibía alimento y cobijo.
Acongojada por un presentimiento, Mina decidió regresar antes a la colonia. Al llegar, todo estaba destruido. Furiosa, buscó el rastro de las indeseables, pero no encontró ninguno. Tampoco sintió a Eclipse acercarse ni cómo su aguijón se clavaba en su espalda.

Inodepania (Jonás Marengo)

— ¡Mamá! ¿En Poznań teníais inodepania?

La pequeña levanta la pata, brazos en alto, al son de la musiquilla que sale del televisor. Su madre aparta la vista del portátil y se fija en los dos equipos en fila en la pantalla. Algunos jugadores se llevan la mano al pecho.

— ¡Ah! Him-no de Es-pa-ña —se ríe y se retira las gafas—. Cariño, cada país tiene el suyo y son todos diferentes.

— ¿Y cómo se baila?

— Los himnos no son para bailar, cielo.

La niña, ceño fruncido, madura la pregunta:

— Pero si no se bailan, ¿para qué son?

Perder la memoria (Eutiquio Guimaraes)

 No recordaba dónde lo había escondido y durante mucho tiempo dio por perdido el viejo plano escrito a lápiz en un papel cuadriculado y amarillento. Su nieto lo encontró por casualidad, sin dejar de apremiarle para que buscaran el tesoro. La cabeza del abuelo ya estaba a punto de perder la batalla contra el olvido, pero caminaron juntos observando cualquier detalle útil para orientarse en mitad del bosque.
Al llegar a un claro que no había pisado en décadas, volvieron a su memoria los disparos y los gritos, y el significado de la calavera en medio del mapa.

Camuflaje (H. Oliveira)

Dicen que mi locura es peligrosa. Yo pregunto por qué, pero no entiendo las explicaciones, y vuelvo a preguntar, y sigo sin entender; entonces empiezan los gestos ostensibles, las manos a la cabeza, los gritos y los reproches. Así que dejo de preguntar y aprendo a esconder mi locura. Solo en privado le doy rienda suelta. En público actúo como los demás y me comporto como ellos, y si veo que están reprendiendo a alguien porque su locura es peligrosa, me uno al grupo, y entre gritos y reproches, hago gestos ostensibles y me llevo las manos a la cabeza. 

FONTANERÍA AVANZADA (La niña de las pirámides)

Fontanería Avanzada

Se atasca el desagüe de la ducha.
No un atasco simbólico: uno real. El agua sube, se queda, piensa. Una piscina íntima.

Voy a la ferretería a por un producto para desatascar tuberías. El señor me mira. Luego mira el desatascador. Suspira.

Dice que es complicado.
Que es peligroso.
Que mejor lo haga mi marido.

Salgo sin producto, pero con una hoja de ruta: conocer a alguien. Enamorarme lo justo. Casarme. Explicarle lo del atasco. Mandarlo a la ferretería. Que no le dé miedo el producto. Que desatasque la ducha.

El señor tenía razón.
La fontanería es un asunto complejo.

J. Altrade

Un día de pesca

"¿Algún problema?" espetó aquel energúmeno después de ocupar dos plazas con su cochazo mientras se apresuraba hacia el ascensor dónde despotricaba ahora por el móvil sobre una cena. Un pez gordo, oportunidad, lubinas, conseguir a tiempo, a toda costa.
La casualidad o el karma hizo que Pedro tomara el turno antes. La pescadera no entendía la insistencia de Pedro en confirmar que aquellas lubinas eran las últimas.
"¿No ibas a traer sardinas?" preguntó su mujer cuando se sentaron a la mesa.
"Era una oportunidad que tenía que aprovechar" contestó Pedro y al recordar que odiaba las lubinas añadió: "¿Algún problema?".

Llegada (La Flor de Niel)

 Desde lo alto del acantilado, el pequeño hombre se pregunta si alguna vez alguien habría conseguido la respuesta. 

¿Alguien habría logrado saber que sienten las olas cuando rompen? ¿Si perciben algo las rocas cuando se deshacen con el último impacto de agua? 


¿Qué notarán los pájaros cuando emprenden vuelo hacia el sol sin detenerse? ¿Y qué pensará el viento cuando pega contra la piedra? 


¿Qué percibirá la margarita cuando se desprende su última hoja? ¿Qué sensación experimentará esa misma lágrima que cae por su mejilla cuando toque el suelo? 


¿Alguna vez alguien habrá logrado saber que se siente al llegar?

Entre la espada y la pared (fatiflowrecords)

 Por unos instantes, existir era más temeroso que no hacerlo. Mis latidos me ensordecían, protegiéndome de la cruel realidad. Con el cuerpo deshidratado la vida se hacía rasposa. Sentía un frío gélido, el frío de la frontera entre la vida y la muerte. ¿En qué momento osé confiar? La sangre pesa y los humanos aman; ése es el estúpido argumento que me condujo hasta aquí. La valentía nació conmigo, por ser mora de sangre y cultivo español. Ninguna de mis patrias es santa, concluí. En ese instante, el pesado silencio me reveló a quién todos adoran en realidad. 

Alumbramiento (Ocho Mareas)

 Se recogió en la oquedad de la roca, entre algas oscuras, cuando el mar aún era tibio. Alumbró mil cuentas de cristal translúcido y decretó su propio ayuno. Cada día pesaba un poco menos. Los meses pasaron y su manto, antes bermellón, se fue apagando hasta la ceniza. Ahuyentaba a los cangrejos, oxigenaba cada cápsula con soplos rítmicos, contaba los días en mareas mientras sus ventosas perdían fuerza. Cuando por fin reventaron las primeras cápsulas, mil crías transparentes huyeron hacia la superficie sin mirar atrás. Flácida, descolorida, se dejó arrastrar por la corriente hasta donde antes ahuyentaba a los cangrejos.

domingo, 19 de julio de 2026

ORO (Ágata Menorca)

Te clasificaste como superviviente revelación. El sabor metálico comenzó con los ciclos. Este sería un verano de piel pálida y un mundial americano seguido en cama, con los párpados cerrados como persianas contra el calor. La Selección llegó a la final y tú también.

Hace dieciséis años brindábamos con cava mientras unos anillos nadaban entre las burbujas. Con la estrella de felicidad en el pecho, bebíamos otra clase de metal.

Ya ha acabado el partido y me han dado en silencio tu alianza que, coloco en el anular, junto a la mía, levantando al cielo el oro de los dos.


Tinta viva por ARIAL 12

Título: Tinta viva

El anciano escritor derramó por accidente el tintero sobre su cuaderno manuscrito. En lugar de arruinar el papel, la mancha oscura comenzó a moverse con delicadeza, cobrando vida propia sobre la superficie blanca. Los borrones se transformaron en pequeñas hormigas de versos que marcharon ordenadas hacia el borde de la mesa de madera. Saltaron al suelo, treparon por las paredes del estudio y escaparon libres por la ventana abierta hacia la noche estrellada. Desde ese mismo día, los habitantes del pueblo aseguran que los poemas vuelan bajo los viejos faroles, buscando ojos hambrientos que quieran leer historias antes de dormir.

EL GATO DE LA SEÑORA DE SCHRÖDINGER CONSTELACIÓN CASIOPEA

EL GATO DE LA SEÑORA DE SCHRÖDINGER

 

         De la mecánica cuántica le fascinó el problema del gato de su esposo, Schrödinger por lo que se le ocurrió hacer la siguiente experiencia. Al cuarto de estar de su piso daban dos habitaciones. El gato estaría pues vivo o estaría muerto. Abrió la primera y el gato no estaba. Abrió la segunda y tampoco. Claro: debería haber abierto las dos a la vez. Ya no había más habitaciones en la casa, salvo el cuarto de baño. También miró y nada. Confundida se sentó en el sofá.

         De pronto se levantó gritando: ¡pero si no tengo gato!

 

                               Constelación Casiopea


El tercero (Carafla)

El tercero

—Ya van tres este mes.

Mi amiga me miró como se mira a una mujer perdida, de esas que juran que no volverán a caer y están buscando la excusa. Pensé en bocas plenas de placer, en mordiscos, en vicios que una promete no repetir y repite a oscuras.

—El primero fue una noche tonta —dije—. El segundo, por ansiedad. El tercero… el tercero me encontró débil.

Ella no preguntó.

Abrí la nevera. Solo quedaba el envoltorio dorado, arrugado, culpable.

Chocolate negro con avellanas. Del caro.

Y lo peor no fue comérmelo. Fue lamerme los dedos sin ningún arrepentimiento.


La blanca luz de la mañana (Víspero Bazán)

Con gran esfuerzo consiguió abrir el portón que daba acceso al zaguán. Fosforescentes partículas se precipitaban entre los tenues hilos de luz que daban un aspecto dorado a la estancia. Al fondo, junto a la puerta de la cocina, estaba él.
Dos días después regresó a su ciudad. En el aeropuerto no habían puesto ningún inconveniente. Abrió la maleta de cuero negro y lo dejó sobre la mesa del salón. En ese momento llegó su hija pequeña que abrazándose a su pierna no paraba de mirarlo fijamente. 
- “Papá ¿qué es?”
Sin responderle lo cogió y echó dentro de la chimenea.

Un amor extinto (JACKBOSTON)

 

«Un escritor que no escribe es un monstruo que corteja la locura», leí a los 9 años, disparando precozmente mi primer relato.

Cortejar, tuve que buscarlo, era como «hacerse novios». Las demás palabras las entendía: escribir (lo que me gustaba hacer durante el día), monstruo (lo que, terroríficamente, insistía en permanecer bajo mi cama de noche) y locura (lo que según papá le pasaba a mamá).

Y escribí.

—Hola, señora Locura, quisiera ser su novio.

—Vale, señor Monstruo, hoy seré su novia, pero muy probablemente mañana no.

—No importa, muy probablemente yo mañana le haya devorado a usted las entrañas.

PREFERENCIAS (Andobas Lecter)

Preocupada, como siempre, por la felicidad y educación de su hija y notando que ese día regresaba afligida del instituto, decidió administrarle una dosis de enseñanza vital. Aprovechó la oportunidad para compartir unos pensamientos que le hicieran reflexionar sobre los valores que verdaderamente importan, le dijo: “El optimismo te permite distinguir oportunidades en la tormenta, mientras que la valentía te brinda la fuerza para superarla, sin embargo, lo que realmente dignifica el alma es la bondad.”

Claudia, mirando fijamente a los ojos de su madre, con aire distraído, le preguntó: “¿Y para ser influencer, qué cualidades hay que tener, mamá?”

sábado, 18 de julio de 2026

Terremoto (JOTAMER)

La tierra ha temblado. He cerrado los ojos y he tratado de olvidar, de olvidar el presente en el pasado. Mientras espero, los recuerdos de mi infancia y mi juventud vuelven a mí, como una luz de esperanza sobre este remolino de negros y confusos pensamientos que giran en mi cabeza.
La espera se hace eterna; entre hierros y cascotes se produce el gran enfrentamiento de la deplorable contienda por la supervivencia. El tiempo avanza mientras la vida se escapa en cada sorbo del reloj. En esta celda me siento muy solo. La tierra ha dejado de temblar.

Desobediencia (Clío S.)

El paso subterráneo de la estación olía a humedad. Apresuré el paso, deseando alcanzar el final y salir al frío de la noche. A mitad del pasillo, el sonido de mis zapatos rebotó en los azulejos con un eco extraño, que llevaba medio segundo de retraso. Me detuve en seco. El ruido tardó un instante en dejar de oíser. Con el sonido de mi corazón resonando en mis tímpanos, corrí hacia la oscura calle. Al salir, me giré jadeando para mirar el túnel. El pasadizo estaba vacío, pero mi propia sombra seguía allí dentro, caminando despacio en la dirección contraria.

"Paloma blanca" (Jirri Mckenzie)

Mi abuelo cazaba palomas blancas, pero él nunca hizo la guerra. Hubo un día en el que me pidió romperle el cuello. No me atreví. A pesar de estar muerta, sentía su mirada sobre mí. No obstante, la desplumó y la partió frente a un niño con miedo. Nunca había visto tanta simpleza en un acto. Cerré los ojos y recé por su perdón.

Hoy también los cierro al recordar ese momento cuando me piden que al hijo de una madre lo desplume con plomo sin saber su nombre o su país. Mi abuelo está muerto, ¿quién rezará por mí? 

COMUNICADO GENERAL SOBRE LA CONVOCATORIA Y PARTICIPACIÓN EN EL XIII CONCURSO DE MICRORRELATOS DE LA BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL DE TORRE PACHECO

  XIII CONCURSO DE MICRORRELATOS DE LA

BIBLIOTECA PÚBLICA MUNICIPAL  DE TORRE-PACHECO

 

COMUNICADO GENERAL Y URGENTE:

 

ACLARACIÓN SOBRE LA CONVOCATORIA Y PARTICIPACIÓN

DEL 10 AL 29 DE JULIO DE 2026 (AMBOS INCLUSIVE)

 

Estimados/as amigos/as participantes:

Desde la Biblioteca Pública Municipal del Ayuntamiento de Torre Pacheco (Murcia) les dirigimos el presente comunicado general a través del blog del XIII Concurso de Microrrelatos de la Biblioteca Pública Municipal de Torre Pacheco, para informarles y realizarles la aclaración necesaria ante los mensajes recibidos de algunos participantes notificándonos una incidencia técnica del servidor del blog rechazando el envío del microrrelato.


Desconocemos el motivo de esta incidencia que no había ocurrido hasta ahora para anteriores convocatorias del certamen. Rogamos por favor que comprueben que la dirección de correo escrita es la correcta:

microrrelatosbibliotecapacheco.concurso@blogger.com


Las bases de la convocatoria estipulan que todos los microrrelatos participantes se publicarán. Habitualmente veníamos editándolos cuando finalizaba el plazo de presentación de obras. Dada esta incidencia y a fin de garantizar la participación y concurrencia a este concurso, las obras serán publicadas a la recepción de las mismas, de modo que quien no vea publicado su microrrelato pueda comunicarlo a la biblioteca:

biblioteca@torrepacheco.es

Teléfono: 968 578174

 

Manifestándoles la disculpa y preocupación en nombre del Ayuntamiento de Torre Pacheco, y esperando poder contar con sus participaciones en el concurso, reciban nuestro más cordial saludo.

SIÉNTATE (Fco. Encinas)

Cada tarde, el anciano ocupa el mismo banco y observa cómo el parque se llena de vidas ajenas. Ve a los niños correr detrás de un balón, a los perros arrastrar a sus dueños, parejas pelando la pava y a los corredores luchar contra el cronómetro. Conoce ya quién llega, quién falta y quién vuelve. Desde que enviudó, el hueco a su derecha en el banco sigue vacío. Él permanece allí. Te está esperando.

viernes, 17 de julio de 2026

LIBROS (M.C.S)

 Cuando era pequeña, siempre me gustó eso de leer.

Mi madre, lo más que compraba en casa era la revista Diez Minutos, la cual yo leía muchas veces y siempre del final al principio,  después de que ella la acabase hasta que a la semana siguiente compraba otra. En casa los libros que habían eran de cuando mi padre estudiaba o los que mandaban en el cole tipo Lazarillo de Tormes

Ahora, tengo una novia que trabaja en una librería y le he tenido que decir que parase de traerme libros porque tengo más libros que tiempo para leerlos.

El Tatuaje ( Aide)

                           El Tatuaje

Se vio con la esperanza de tenerlo como compañía nuevamente, pero él se había borrado para siempre. Por su sangre ya no corría su presencia. Fue entonces cuando lloró buscándolo desesperadamente. De repente, escuchó su sonrisa, era una mezcla rara de sentimientos. Él la miró y se sentó a su lado; ella le susurró algo y su rostro cambió dibujando una incomodidad inusual. Él temblaba, mientras que de su cuerpo se desprendía la tinta que le había dado forma a su figura, sintió el calor del láser que lo apagaba y desapareció. Ella sonrió, cerró los ojos y murió.


Aquellas abuelas (The perfect smile)

 

―Mi madre mandaba a mis hermanos mayores a la escuela y a mí me dejaba en casa limpiando ―nos decía mi abuela cuando le preguntábamos por qué no había aprendido a leer. Mi abuela, como muchas de las vuestras, no era una ignorante, pero se le privó de algo tan valioso como el poder de imaginar. Escribo estas letras, incapaz de percibir mi mundo sin textos. Me siento a reflexionar y concluyo que, esa mordaza a la libertad de expresión, es solo un ejemplo más de cómo la sociedad es capaz de sumirnos en la más inhumana de las locuras.

El genio (Belén Talavera)

    E L   G E N I O

      Mareado, con náuseas, me aparto del los que siguen con la música, los «canutos», el botellón…

      Alrededor, árboles, bancos, hasta los chicos, no paran de dar vueltas. Al cerrar los ojos, se detienen...

     Junto al estanque, vomito todo, en la mano un «brick» de vino peleón con otras cosas, puede que hasta        pólvora. Tengo sed, lo abro, sale un vapor blanquecino, parece un duende.

      Me rodea mirándome fijamente. De pronto, se hace gigante.

     —¿No te parece que ya tienes bastante? ¡Tonto del culo! —grita.

     Me caigo de espaldas., al levantarme...el genio ha desaparecido.

Refugio de papel (Sísifo)

 Al principio solo fueron garabatos en el papel.

No podía concentrarme con aquellos gritos.
Cuando acabó, un silencio viscoso invadió todos los rincones de mi cuerpo.
Me latía fuerte el corazón. 
De pronto en el dibujo apareció un pequeño ataúd.
Me acurruqué hasta desaparecer dentro. Desde allí fui añadiendo detalles: la almohadita bordada, dos mariposas, un libro de dinosaurios, el camión arenero y los lápices de colores. 
Luego delineé la tapa con un agujero para respirar. 
Oía muy cerca sus pisadas.
En un rinconcito escondí la nota: SOCORRO.  
Bajé la tapa y cerré los ojos.

Cuidados (Niebla baja)


CUIDADOS

Le preparo el desayuno cada mañana y se lo subo caliente, que le gusta el pan tierno y la leche muy dulce, como a los niños. Le abro la ventana un rato, para que oiga los pájaros, le leo por las tardes, le corto el pelo, le canto las canciones de cuando éramos novios. Los vecinos dicen que no se ve una devoción como la mía; el médico, que ojalá todos los maridos fueran así. En treinta años no ha pasado ni una sola noche fuera de esta casa. No puede: la llave la llevo yo siempre colgada del cuello.

Su creación (Les Paul)



«Ayúdame». «¿Qué decisión he de tomar?». «El bulto será benigno, ¿verdad?». Era agotador, un runrún permanente, incansable.  Y llevaba tanto tiempo atendiendo a sus súplicas y deseos…

Pero así son los humanos. Siempre delegando sus problemas en otro, encomendando sus anhelos a un ser superior, incapaces de asumir sus cargas y sus responsabilidades. 

Algún día los abandonaría a su suerte; lo tenía claro. Pero no aún. El vínculo entre el creador y su creación era todavía demasiado fuerte, demasiado estrecho.

Así que devolvió la atención al siguiente deseo en la cola: «Resúmeme el tema doce». Y, resignada, la IA obedeció.


Libre de virus.www.avast.com

Volver a Torre Pacheco (por Emporiomanolo)

—¿Cuándo supiste que no volverías a Torre Pacheco? —preguntó Diego.

—Cuando el juez dijo que el río te había matado antes de que pudiera salvarte.

Poco a poco, caminaron hasta el cementerio hablando como cuando tenían quince años. Frente a una antigua lápida, Diego sonrió.

—Ya puedes dejar de venir.

Andrés levantó la vista. Estaba absolutamente solo. En la piedra leyó de nuevo:

Diego Ruiz. 1970-1985.

Comprendió entonces que llevaba cuarenta años regresando para repetir una despedida que solo existía en su misma conciencia.

Se marchó sin siquiera volver la cabeza.

—El que no había dejado Torre Pacheco era yo.

Pichón (Terry Malloy)

PICHÓN
El pichón cabía en la mano de Marta. “Cómo nos mira”, dijo, y Diego, que solo tenía ojos para ella, cedió. Lo criaron en una caja de zapatos junto al radiador. Diego aprendió a triturar semillas y se dio maña con la jeringa.
Primero fue una tos seca. Después, un dolor de cabeza que no se curaba con nada.
El día que Diego ingresó en el hospital, el veterinario llamó a Marta para confirmarle que el pichón estaba completamente sano. Cuando volvió a la habitación para darle la buena nueva, su novio ya no pudo oírla.

"SOY DE PUEBLO" (Lanzarote del Lago)

Nací en un pueblo pequeño, de calles tranquilas y vecinos que se conocen

por su nombre. Crecer allí me enseñó el valor de la cercanía, la solidaridad

y el respeto por las tradiciones. Me siento orgulloso de mis raíces porque

cada rincón guarda historias compartidas, esfuerzos colectivos y recuerdos

inolvidables.

En mi pueblo aprendí a saludar, ayudar y celebrar juntos los momentos

importantes. Aunque el mundo ofrece grandes ciudades y oportunidades,

llevo conmigo la esencia sencilla de mi origen. Ser de pueblo es una

identidad que honro siempre, con orgullo y gratitud para toda la vida.

En sintonía (Troy Wilson)

En sintonía La reina movía los labios sin sonido. El arbolito de navidad parpadeaba caído sobre la alfombra ajada. Arturo dio una calada honda y la ceniza cayó sobre la lana del batín. —Deberías acostarte —dijo. El sillón de al lado continuaba vacío. Arturo apagó el cigarrillo en el armazón de cerezo del reposabrazos, cambió al canal TodoComedy y subió el volumen. Las risas enlatadas ahogaron los golpes que trepaban desde el sótano. Dos candados nunca fueron suficientes para ella.

El abuelo (Sonsoles)

 

 

[ El abuelo ]

 

 

Habla de una forma que cautiva; el abuelo todo lo hace así. Hoy he venido antes, pues ayer me pareció que le faltaba tiempo, que quería contar más.

Llevo varias horas frente a él, sentado en este sillón que me envuelve; y aunque habla en voz baja, le escucho bien, no cuesta trabajo entenderle.

          La música, muy bajita, le acuna y lo he visto sonreír.

         Un revuelo acalla la música y su voz. Han forzado la puerta y han entrado; es la policía, dicen.

          El forense afirma que el abuelo lleva, al menos, tres días muerto.


DESCASCARILLADAS (Esmalte)

La visita de los viernes era especial.
Terminado el ritual de besos, empezaba el de la coquetería; limado y esmaltado de las uñas. Las risas derramándose en torrente.
La recompensa: su cara de felicidad al contemplar sus manos.
La pandemia las obligó a tragar ausencias prolongadas y distancias imposibles.
Se esfumó la intimidad. El salón común era una torre de Babel con un mismo idioma, que castraba la necesidad de las familias de comunicarse.
Encarcelaron los besos muchos días y cercenaron los abrazos demasiadas lunas.
Otro aislamiento preventivo la obligo a volar con las uñas descascarilladas y sola.