martes, 28 de julio de 2026

Allí donde solíamos estar (Caronte)

 

ALLÍ DONDE SOLÍAMOS ESTAR

Cada tarde vuelvo a la misma esquina y busco el rincón donde Andrea llegaba siempre tarde. Cierro los ojos, me llega el olor a jazmín y escucho el tintineo de las cucharillas.

—Vamos, arriba.

Abro los ojos. La luz fluorescente me hiere. El vigilante del banco señala la salida del cajero.

—Aquí no puede dormir.

Recojo mi manta. El café ya no está. La brisa de julio trae el jazmín. Por un instante, Andrea vuelve a llegar tarde.

 

Un vívido recuerdo (Gilda)

Nunca lo olvidaré, fue el día en que más alta me sentí. Desde la azotea, todo es claro, nada se iguala. No conozco atardecer más bonito que tus ojos observándolo con pureza: admiraste el sol poniente con un tono anaranjado en tus pupilas. “Desde aquí se ve el Mar Menor”, mencioné. Desearé siempre que no se marche esa sonrisa llena de curiosidad. Desearé que, aunque muera la tarde, te quedes aquí un poco más. Siempre fuimos amigos. La espera fue áspera. Y aunque los años me hayan revelado los secretos de tu corazón, el tiempo ha estado de tu parte.

XXXI Concurso de Narraciones Cortas Villa de Torre Pacheco 2026


 El plazo de admisión de obras finaliza el 29 de julio de 2026. Consultar convocatoria en el Boletín Oficial de la Región de Murcia Núm. 156 de 9/07/2026



Justicia natural (SBR)

Es una asfixiante tarde de verano. Las chicharras suenan de fondo y los cuñados gritan de frente. —¡No me puedo creer a quién votaste!— estalla uno. —¡Eres un facha!—, añade. La respuesta no tarda: —¡Y tú un rojo comunista!—. La discusión sube de nivel, pasan de los gritos a los insultos y de ahí a las manos, defendiendo su ideología con ceguera. Lo que no saben es que la naturaleza no entiende de política; ahora mismo, las casas de ambos están ardiendo y ninguno de sus referentes piensa venir a apagar el fuego y menos, el de sus casas.

Latidos compartidos (Martín Soñador)


CHOCOLATE INGLÉS (Rachima)

Ella, experta en mirar a varios sitios simultáneamente sin mover los ojos, advirtió que la novia, sentada en el extremo izquierdo de la mesa de banquetes, estaba a punto de arquear una ceja. Hoy te pillo, pensó mientras esbozaba una enigmática sonrisa.

Mientras, desde su posición, la novia se esforzaba por permanecer hierática. Sabía que no era una simple partida de chocolate inglés, que ya era algo personal, y que aunque había más de 130 personajes en su cuadro, Las Bodas de Caná, la Gioconda, que estaba enfrente, estaba obsesionada con ella y jamás le quitaría el ojo de encima.


DE MAL EN PEOR (Manolita la Primera)

¡A quién se le ocurre que tuvieran que ser justamente 100 palabras! A esa barbaridad se unía el hecho de la absoluta sequía mental a la que se enfrentaba. Ya tenía demasiado con haber quedado con su amor platónico y que, dos días antes, aquel grano despiadado, al que nadie había invitado a su cara, estuviese haciendo estragos como si de un flemón se tratase. Había buscado un reto literario con el que entretener su mente mientras apretaba el divieso con el puño con la esperanza de destruirlo, pero…, ¿qué acabaría peor, la cita, o el concurso literario? ¿O ambos?

Recordatorio Pendiente (Virginia Love)

Como cada 29 de julio a las nueve de la mañana, la pantalla del móvil volvió a iluminarse:
«Llamar a Marta».
Quince años después, seguía sin borrar aquella alarma.
Esa mañana, por primera vez, pulsó "eliminar".
En ese instante sonó el teléfono.
—Hola —dijo una voz nerviosa—. Espero que aún no sea tarde.
Sonrió.
Ya no necesitaba recordatorios.

Virginia Love

Los afectados (Koide)

«Los afectados por los incendios lo han perdido todo», dijo la televisión instalada provisionalmente en el pabellón, junto a los aseos. Tras el toque de queda, apagaron las luces y él se tumbó junto a su familia en el colchón asignado.

Sintiéndose el único despierto en el recinto, recordó su casa, acosada por las llamas. Escuchó la respiración de su hermana pequeña a su lado y entreabrió los ojos para observar a sus padres, dormidos, abrazados como hacía mucho que no lo estaban. Entonces pensó en aquellas palabras. Quizá los afectados eran otros. Ellos no. Ellos no habían perdido nada.

Mar de piedras (Garma)

 Amarró con fuerza la goma de sus calzoncillos al palo de madera; la firmeza resultó inesperada. Sonrió satisfecho; ahora podría cazar pajarillos o alcanzar algún coco fresco. Su estómago gruñó.


El resto de la prenda, endurecida por la sal, le pareció ridícula sobre la roca. Recordó al vendedor prometiendo comodidad y tecnología de última generación en cada costura. «Demasiado para unos calzoncillos», murmuró.

Levantó la vista buscando un barco, un humo remoto. El horizonte ardía en azul. Sujetó el tirachinas, encajó una piedra, lo tensó despacio y apuntó al mar. Acertó a una ola. El mar le devolvió más piedras.

ENTRE LA LUZ Y LA SOMBRA (SELVA MERAKI)

 Nos hablaba de la luz. De la verdad que siempre nos guía, de la bondad que no busca recompensa alguna, de la fe que ilumina incluso en los días más nublados. Y nosotros escuchábamos como quien mira al sol: con infinito respeto y confianza.

Pero un día, demasiado cerca, vi algo distinto: pequeñas sombras en gestos brillantes, palabras que servían más al orgullo que a la verdad.

Entonces comprendí el eclipse. No es que la luz desaparezca; es que algo se interpone entre ella y nuestros ojos.

Desde entonces sigo buscando la luz, pero también aprendí a reconocer las sombras.

LA HEREDERA Seudónimo: Lirio de Ceniza

 Las brujas de su familia heredaban maldiciones.

A unas, ver fantasmas. A otras, hablar con animales.

A Mara le tocó ser olvidada por quien más amara.

Su abuela lo llamó desgracia. Su madre, destino. Mara lo llamó Alex.

Un año fueron felices.

Después él olvidó su cumpleaños, su voz, el color de sus ojos.

Una mañana preguntó:

—Perdona, ¿nos conocemos?

Mara sonrió.

—No.

Alex se marchó. En el rellano se volvió.

—Es extraño. Siento que te he querido toda la vida.

Mara cerró la puerta.

Entonces comprendió la herencia: él tendría que olvidarla una vez. Ella, recordarlo todos los días.


Mil y un reproches (Al-Sahar)

 - “Te quiere muchísimo, y por eso está así” -le decía su mejor amiga.

- “Sí, seguramente sea la razón para ponerse tan celoso” -asentía ella.

Sin embargo, tras aquel espejismo, se escondían 1.001 noches llenas de terror.

Al fin, entendiendo que las lágrimas no debían brotar tan sólo de sus ojos, supo que el cuento de la bella y comprensiva Scherezade soportando a un tirano tan irascible como cruel era rancio y trasnochado.

Y cambió la ficción por la realidad del día a día en libertad, lejos de él, sin ningún miedo ni más reproches.

Eclipse, ¿Qué hago aquí? (Encarta95)

 La noche llega sin pedir permiso. No se queda, está de paso. Qué inoportuna.

—¿Qué horas son estas? ¿No te das cuenta de que te has adelantado? —dice el día a la noche.

—Disculpad, no era mi intención entrometerme —dice la luna.

—¿Y tú? ¿Quién eres? Contigo no va la cosa. Es entre ella y yo.

—¿Quién habla? No te veo —dice la noche.

—Lo siento, te tienes que marchar —dice el día.

—Creo que me he desorientado —dice la luna.

—Tranquila, yo te acompaño a casa. Dejémosle, que no tiene el día —le dice la noche a la luna.

lunes, 27 de julio de 2026

ÚLTIMA NAVIDAD (GUAYOTA)

A pesar de la tormenta, el ambiente era cálido. Después de tantos años, Matías lograba al fin reunirlos a todos.

Un abeto navideño, cargado de luces e ilusión, alumbraba el salón. Guirnaldas, villancicos y batallitas familiares. Por unas horas, la casa volvió a ser un hogar.

Con voz metálica, un señor idéntico a papá contaba un chiste; su hermano aplaudía con una precisión inquietante; y una mujer rubia imitaba la sonrisa de mamá.

Un relámpago iluminó el ventanal. Todo se apagó.

Sollozando, Matías subió la palanca y... solo regresó la luz.

Nuestros campeones (Kairós)

El país entero contenía la respiración, con millones de ojos puestos en las pantallas, corazones palpitando al unísono y nervios a flor de piel por la insoportable tensión.

Un unánime grito de júbilo rompió el silencio en cientos de plazas y hogares. Las lágrimas de felicidad brotaron de los ojos de miles de personas, y los abrazos, saltos de alegría y aplausos atronadores hicieron vibrar a todo el país: el momento exacto en el que bomberos y vecinos, cansados y con los rostros tiznados de hollín, conseguían sofocar el último y devastador foco de los incendios que arrasaban nuestros montes. 

Umbral (Capitán Gregg)

 No había nadie porque el mundo se había detenido, pero la llegada de la tarde ya era una presencia, su frescor que penetra con los primeros ruidos que le vuelven a situar en el tiempo.

Mira los objetos, un jarrón con flores como animal herido, una carta olvidada como prenda de ropa, el transistor heredado de su abuelo, como si volvieran a ser verificables y abandonaran su condición de espectro.

Sustituye el desayuno por un mediodía inminente, el café por un vaso de leche afluente de la risa. Son decisiones.

La tarde entra. La puerta aún no se ha abierto.

El Naranjo de Tomás (La sombra del azahar)

El abuelo Tomás conocía cada rincón de Torre Pacheco. Sabía cuándo la tierra pedía agua y cuándo el campo guardaba silencio.

Cada mañana caminaba hasta su huerto y cuidaba un pequeño naranjo que había plantado junto a la acequia.

—Algún día dará sombra a alguien que no me recuerde —decía sonriendo.

Pasaron los años y bajo aquel árbol se reunieron niños, vecinos y familias enteras.

Cuando preguntaban quién lo había plantado, todos respondían lo mismo:

—Tomás.

Porque algunas personas se marchan, pero dejan raíces que siguen creciendo en la tierra que amaron.

 

 

El lugar que me encontró (Bibliotecaria a la deriva)

Cuando leí la noticia de que cerraban la biblioteca, algo por dentro se me quebró.
— ¡No puede ser! — imploré.
La imaginé vacía, sin vida.
Allí pasé muchas tardes leyendo a José Ángel Mañas, Ray Loriga y Lucia Berlin; escondiéndome de algo, o de alguien, sin saber de quién ni de qué.
La vieja biblioteca del pueblo me salvó cuando era adolescente y nadie me quería. O eso creía.

Una semana de vacaciones (Johannes)

 Yo, que he vivido tantas vidas, no recuerdo casi nada de ninguna. Impresiones, fogonazos, cortometrajes. Estoy ahora frente al mar, sobre una toalla verde y amarilla. Creo que la toalla viene de mi segunda vida, la que desperdicié junto a Marc. El océano parece el mismo que el de la tercera, la única en la que disfruté una semana de vacaciones. Yo misma soy otra y distinta. La que pensaba que solo habría una existencia, y que casi toda ella sería mi hija, hasta que desapareció por allí, por este mismo horizonte, el último día de mi lejana vida primera.

 

LA BIBLIOTECA DE LOS QUE FALTAN (POLOLO)

 Hay un estante en la biblioteca que no está en el catálogo. Cada tarde vuelve a llenarse de libros devueltos por gente que ya no existe. La bibliotecaria los ordena despacio, con las dos manos. Dice que algunos guardan calor. Otros, una humedad rara, de lluvia o de recuerdo, nunca sabe decir cuál.


Ayer encontré el mío. No llevaba mi nombre. Llevaba mi infancia: mi madre llamándome desde la cocina, mi padre cerrando una puerta, despacio, como disculpándose.

Lo abrí de pie, sin sentarme.


En la última página, alguien había escrito: "No estás perdido". Solo llegaste tarde.

No lo devolví.


INTROVERTIDO (Gigante)

 Con lo reservado que me muestro siempre, con lo celoso que soy de mi intimidad, aún no entiendo cómo pude bajar la guardia. Se nos ocurrió hablar de sueños y a mí me dio por confesar mi más terrible pesadilla, la más aterradora que puedo concebir. Les conté a mis amigos que soñaba a menudo con que asesinaba a alguien y ocultaba su cuerpo. Les dije: «No hay mayor angustia que vivir pendiente de que en cualquier momento puedan descubrirte y encontrar el cadáver». ¡Vaya desliz! Ahora me miran con estupor, como si al fin pudieran verme por dentro.

Mnemotecnia (Arce)

 15 segundos quedaban para ganar el gran bote del concurso.

-“G”: Compuso “El día que me quieras”.
-Gardel (nuestro tango favorito).
Mnemotecnia: según la RAE, es el procedimiento de asociación mental para facilitar el recuerdo de algo.
12 segundos. 
-“C”: Yacimiento prehistórico de Torre Pacheco.
-Cabezo Gordo (una escapada muy especial). 
Llevo años memorizando la enciclopedia con esta técnica.
7 segundos.
-”M”: Director de Casablanca.
-Michael Curtiz (se quedó dormida en mi pecho).
A una más de ser millonario. 
3 segundos.
-“L”: Sinónimo de catarsis.
-Li…, Lidia, ¿quieres casarte conmigo?
Perdí el dinero, pero gané lo que más deseaba.

domingo, 26 de julio de 2026

La misión (Isabel Caballero)

El agua iba colándose por las rotas escotillas de la nave. Un agua color púrpura que, a pesar de que era fuente de vida en ese planeta y para cuya recolección había sido enviado, significaría su final.
Solo quería una muestra, pero se iba a hartar de ella. Sacó del bolsillo la foto de su difunto perro. Sonrió y la besó. Con cierta parsimonia y notando cómo el agua le llegaba ya por las rodillas, se dirigió a la puerta de la nave para abrirla y no alargar lo inevitable. Pero unas manos membranosas le agarraron por detrás.

Sueño reversible (Dora Thudi)

El cielo estaba despejado y el calor sofocante le hizo desvanecer. Estaba tendido en el asfalto ardiente y humeante. Trató de incorporarse rápidamente, pero al hacerlo, los edificios elevados de la calle Alcalá parecían desfigurarse y convertirse en rostros de un cuadro de Munch. Pese a languidecer, lo peor era lo que acababa de vivir dentro de esa jaula de cristal del piso 43, despido arbitrario, abrupto, sin previo aviso, tras treinta años de entrega incondicional. Cerró los ojos fuertemente. En estado de estivación. Deseó retroceder tres décadas. Tal vez así podría recuperar el tiempo perdido... Quizás, no lo sé.

La vida que yo elija (Elvan)

Siempre tan bella y hermosa. Todos los días me despierto, paseo por estos jardines señoriales y, cuando llega el momento de verla, no me atrevo siquiera a tocarla. Me bloqueo. «Así nunca vas a llegar a nada» pienso. Y tengo razón. Ya no puedo más. ¿De qué me sirve vivir así? Al margen de todas las ventajas que este trato me ofrezca, la necesito. No quiero una vida impuesta. Así que hoy decido dar el paso. En cuanto la tengo frente a mí, acerco mis labios y, con el primer mordisco, el cielo se abre y soy expulsada del paraíso.


El averno(Madre)


1989. Azzacov y su grupo de de geólogos abrieron las puertas del infierno a través de un pozo de 14,4 kilómetros practicado en Siberia. Los micrófonos de alta sensibilidad puestos al fondo de la sima registraron gritos desgarradores de miles de personas sufriendo de dolor, horror y miedo, condenados y torturados. La caverna hallada con más de 379 grados de temperatura era el mismo infierno. De la cueva emergió un ser con alas de murciélago gritando en ruso, ¡he vencido!. ¿Fueron unos borrachos quienes pergeñaron semejante bulo o un medio religioso quien lo propagó?
Evangelización por terror.

Imposible parar (sonómetro)


Imposible parar


Mi respiración agitada, una lágrima imposible de retener era acogida con benevolencia por mis fosas nasales ya humedecidas, difícil contener la emoción. Llevaba horas viajando a través del espacio y tiempo a lomo de la magia de las palabras. Así me hallé tras levantar la cabeza del libro.


Pareidolia (Ulyses)

Mamá decía que cuando las madres mueren se vuelven nubes con la forma del juguete favorito de sus hijos. Ella se fue cuando yo tenía 6 años. Desde entonces busco en el cielo el caballito de madera que ardió con ella. Me hice piloto. Surco cúmulos y cirros. Nada. La guerra me alcanza a los veintitrés. Tres soldados me apuntan. Sobre sus cabezas, una nube con forma de caballo. El más joven baja el fusil, susurra en su idioma. Los otros miran al cielo. No sé si es mío o de ellos. Cierro los ojos.

EL JARDÍN DEL DIABLO - (TOPAZ)


La sombra se pasea por el vagón entre silencios jadeantes. Una infinita gabardina esconde su silueta. Avanza con las cuchillas de la intemperie en su rostro ilegible, como un abismo de carne cuyo nombre mortal la luna ignora. Hay una promesa negra en su mirada sin ojos. Y el mundo entero calla, se arrodilla, frena su respiración.
 Excepto las flores.
 Ellas escriben poemas en cada raíz. Ellas, con sus sonrisas de colores, siguen bailando inmóviles. Ellas recuerdan que la más negra noche es solo un falso espejo. Ellas susurran que la primavera no puede ser asesinada.

El sótano (Camalorio)

Me juraba que el crujido de la madera por las noches era solo el viejo caserón asentándose en el subsuelo. Yo siempre le sonreía, apagaba la lámpara y la abrazaba en la profunda oscuridad, fingiendo compartir su calma. Es reconfortante verla dormir tan tranquila a mi lado. Durante años me había esforzado en proteger su inocencia. Sin embargo, esta madrugada ha sido distinta. Un grito rítmico, casi desesperado, ha hecho vibrar el suelo del dormitorio. Me he quedado inmóvil, conteniendo el aliento, al darme cuenta de que el sonido no subía del sótano... venía de su lado de la cama.

La huida (Florencia Ocampo)


Aquella mañana olía a tierra húmeda. Mi madre conducía el Fiat 600 hacia el aeropuerto con la incertidumbre tatuada sobre la piel. Cuando me enfilé hacia el personal con mi tarjeta de embarque, supe que no había marcha atrás. 


   Aterricé en Barajas y aquel mismo día me instalé en una habitación decorada con un póster de Grace Jones con un corte de cabello geométrico y todo el poder de su negra piel resaltando sobre un fondo rojo. 


Me saqué la chaqueta, la tiré a un lado, y caí rendida sobre la cama mirando hacia el techo de Madrid.

EL SILBIDO DE LA INQUILINA (EL GORDO)

El Programa de Coexistencia Corporal fue una estafa. Dijeron que mi cerebro sabría adaptarse, que los nuevos circuitos aprenderían el idioma del amor.

Ahora somos uno, un cuerpo para dos, aunque a veces no sé quién fuma ni quién desea los zapatos de baile. Mis rodillas se mueven con una gracia que no recuerdo haber tenido, y la melancolía me llega por besos que no di.

Por las noches soñamos con citas dobles. Y al amanecer, ella se queda despierta en mi nuca, silbando una tonada que desconozco.

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sábado, 25 de julio de 2026

La batalla perdida (Cartero)

Revuelta campesina y represión brutal en un pueblo asolado por la hambruna y la desidia del estado. El gobierno decidió terminar con las revueltas de desesperados campesinos de forma expeditiva. Uniformados entraron en Casas Viejas a saco, disparando contra todo. Seisdedos y un grupo de vecinos se refugiaron en su vivienda. Militares y guardias de asalto deshicieron a balazos la vivienda convirtiéndola en una tea ardiente. Los moradores salían aterrados de la cobacha siendo tiroteados sin piedad. Tanta destrucción, tanta contundencia para doblegar a sangre y fuego a unos desgraciados campesinos. Feroces medios para acabar con las esperanzas de los humildes.

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Porque estaba cagando (Alejandro Lindes)

Junto al fuego se acurrucan unos simios. Una isla de luz en medio de una oscuridad interminable y hostil. Uno de ellos está terminando una historia.

—… y entonces, mientras cagaba, se lo comió un león.

Se hace un silencio para valorar la tragedia del infortunado, solo roto por un cacareo rítmico. Se miran entre ellos para averiguar de dónde parte ese extraño sonido. El causante de ese soniquete se está llevando las manos a las tripas como si le dolieran. Su rostro está contraído de una manera inédita. Todos le miran asombrados.

El primer ser humano está riendo.

Una lista (Purpurina)

Hoy he desayunado tostadas con aceite y zumo de naranja. No recuerdo si algo más.
Me he tomado la pastilla rosa a las diez y cinco.
NO QUEDAN YOGURES.
Ya he mirado: no hay cartas.
La vecina me ha dicho: «¡Hola, Carmen!». Sonreía.
Hay pelos de animal en el sofá. He dejado un trozo de pan en el suelo, por si acaso.
Ha llamado Enrique, dice que es mi hijo y que viene luego.
Enrique ha leído lo que he escrito, lo había dejado encima de la cómoda. Dice que vamos al médico. No encuentro su cara en ninguna foto.

Fui yo- (Lunerita)

Deseo que el tiempo se detenga y que nadie me pregunte si fui yo. Ansío que la sangre abdique y que el sonido de las sirenas deje de perseguirme. Quiero que todo esto sea solo un sueño. Anhelo regresar a lo aburrido, a lo mundano, a lo habitual. No pretendía hacer daño, solo conseguir dinero para darme un capricho, regalarme lo que la vida nunca me regala. Entonces apareces tú, en medio de la nada, justo cuando el cuchillo está recién afilado. Fue un fallo, mi error, como si eso pudiera salvarme ahora. Te maté sin querer, pero amándote todavía.

POR ORDEN DEL REY (LA MAMBA NEGRA)

Todos en la corte habían sufrido alguno de los bruscos cambios de humor del rey. Podía nombrarte primer consejero al alba y acabar con tu libertad de movimiento al atardecer, si no andaba más cruel que caprichoso y optaba por algo peor. La vida transcurría entre discursos hilarantes y cruentas ejecuciones. El día en que el monarca despertó ordenando su propio encierro, sus súbditos cumplieron de forma inmediata el inesperado mandato. Más tarde, cuando, ya cautivo, ordenó ser liberado, una epidemia de sordera idiopática afectó a todos y cada uno de los guardias, porque… ¡nadie se atrevería nunca a desoírle!

El miedo a lo desconocido (Shelmar)

La primera gota salpicó su mejilla. El sonido de coágulos chocando contra cemento era denso. La chica no gritó. Ni una lágrima se formó en esos ojos cristalinos que miraban al vacío. El líquido era rojo, espeso. Una escena inefable, como nieve pintando una playa. Solo que esta vez no era nieve, sino sangre. Sangre que no brotó de ningún cuchillo retorciéndose en órganos, ni de uñas rasgando piel hasta romperla. No era violencia lo que aterraba a la chica... Pues estando ahí, bajo la lluvia, se dio cuenta de que el universo era demasiado grande para deberle una explicación.

Gritos en la sangre ( Alyssa Lombardi)

Decían que la violencia se lleva en la masa de la sangre, igual que una marca de nacimiento. De niño, tras el golpe seco de la puerta, yo intentaba arrancármela rascándome los nudillos en la pared hasta sangrar. Años después, en esta celda de paredes pulcras donde el médico aumenta la dosis y firma papeles sin mirarme a los ojos, el jabón y el agua hirviendo no sirven de nada. Bajo mis uñas permanece esa costra viscosa y oscura. No estoy loco, la herencia es un veneno que no se cura con pastillas, y hoy me he despertado hablando con su misma voz.

UN PUEBLO CON MAR (Velazco)


CUATRO GATOS (Octubre)

Minino es el primero en llegar cada mañana al centro de la plaza, distraído observa las persianas y se atusa los bigotes olisqueando las puertas antes que se aireen algunas sábanas.
Cuando una bocina rompe la quietud del aire, Minino desaparece, entonces las cerraduras crujen y salen por las puertas quienes aún recuerdan a los trigales y a las tahonas humeantes… en la plaza, el coche del panadero se detiene y reparte el pan como reclamo, compartiendo novedades.
Desde los tejados, todos los Mininos observan como se deshacen las charlas y cada cual desaparece por su calle.

viernes, 24 de julio de 2026

EDAD ADECUADA PARA (OIRAM)

Enma y Crisina tenían quince años.

Tenían limitado el acceso a internet, debido a la nueva ley que pretendía proteger  a los menores de contenidos inadecuados.
Esa tarde, las dos estaban sentadas en un banco de la plaza.
El silencio entre ellas era denso hasta que el móvil vibró y ambas accedieron a internet, en la web de una clínica de salud.
Rellenaron con atención los datos del paciente sobre la no necesidad de autorización de los padres para menores de 15 años.

El tiempo de acceso corriendo.
Ambas se miraron, respiraron hondo y pulsaron,  firmar la solicitud de aborto.

LA VIDA ENTERA (Clarasó)

Elena, Sofía y Carmen se sentaron en el bar para charlar un rato. La camarera les trajo tres cervezas bien frías. Después de mucho tiempo, querían ponerse al día. Mientras bebían la primera jarra, Elena contó sus problemas de trabajo y Sofía habló de su divorcio. La charla se alargó tanto que, al pedir la segunda ronda, las hijas de Carmen ya se habían casado. Cuando la camarera sirvió la tercera cerveza, Elena anunció que acababa de firmar los papeles de su jubilación. Entonces, las tres amigas miraron sus canas y comprendieron que se les había ido la vida entera.


Garantía de fábrica (Diapasón)


En treinta años afinando pianos aprendí que cada uno guarda una nota indómita. La mía se llama fa sostenido: vuelve a desafinarse a los tres días, siempre en la misma casa. Creen que es un defecto de fábrica. No les corrijo el error. Esa tecla no suena mal por el fieltro ni por el clima: conserva la voz del hijo que ya no vive allí. Cada vez que la ajusto, la casa vuelve a sonar como si nadie faltara. Ayer el padre me pidió, por primera vez, que no la tocara. Desde entonces, cobro por no tocarla.  

Fw: CORREPONDENCIA (MARDOQUEO)


Siguen llegando cartas a nombre de la antigua inquilina. Las recogemos del buzón y las guardamos en el cajón del recibidor. Pero al poco, aparecen abiertas con impaciencia sobre la vieja mecedora que decidimos no tirar. Si la misiva viene del otro lado del charco, la casa toda se estremece de felicidad. De la cocina llega un delicioso aroma a comida, pese a que ni mi mujer ni yo cocinamos, y podemos sentir la melodía de una alegre canción. Ambiente que contrasta con ese otro claustrofóbico e irrespirable cuando lo que llega es correo del banco.


Nervios (Poulain)

Salió rauda de casa movida por un olor que no le resultaba familiar. Pronto encontró compañía con la que conversar acerca de la gran pérdida que supuso la partida de su marido. Tenía sensaciones encontradas; por un lado, volver a ser autónoma y por otro la melancolía por haber perdido un hogar. Intentaba dar sentido a sus emociones mientras pensaba en cómo podría recuperar lo que había perdido, una contradicción en sí, pero una contradicción que no le dejaba dormir. La solución oscila entre el progreso o reconstruir lo que, felizmente, el gas había hecho volar por los aires. 

El sótano de los secretos- por Zoekity

Lucía bajó las escaleras crujientes hacia el sótano de su abuela fallecida. La penumbra olía a humedad y tiempo detenido. Entre telarañas y polvo, descubrió cajas repletas de objetos extraños: relojes sin manecillas, espejos que no reflejaban, llaves oxidadas sin cerradura aparente, fotografías de personas sin rostro.

En el rincón más oscuro, un baúl antiguo respiraba. Lucía lo abrió con manos temblorosas. Dentro, un diario con su nombre escrito en la portada. Lo abrió y leyó la primera línea:

"Querida Lucía, si lees ésto, ya sabes que nuestra familia guarda secretos que el mundo no debe conocer."

Merienda    (Milú)

 Nada más aterrizar el avión nos sentamos en una cafetería del aeropuerto a merendar. Mi sobrino americano pidió una hamburguesa y yo un bocadillo de morcilla. Al rato me preguntó qué comía. Respondí que un plato típico de la tierra, hecho con sangre. Puso cara de asco y quiso saber si en España hacíamos más cosas con sangre. Así, de repente, solo me vino otra a la cabeza:

─La Historia, sobrino. La Historia.

Piso compartido (Gonzalo Fernando de Córdoba)

 Soledad y Esperanza comparten piso.

Habitaciones separadas, coinciden junto a la cafetera.

A Soledad le gusta sin leche.

A Esperanza, con tertulia.

Así está el precio del alquiler.

jueves, 23 de julio de 2026

¡QUÉ GUSTO DA! (ANERIS TAKIWA)

¡QUÉ GUSTO DA!

Intentar dejar un interruptor de la luz en el medio y lograrlo, sacar punta al lápiz hasta dejarlo chiquitín, agujerear una goma de borrar con el lápiz, agujerear con el dedo un paquete de botellas de agua, beber coca cola del tapón, ir caminando mientras golpeas con las rodillas una bolsa de plástico, intentar canalizar el agua del grifo por el agujero del lavabo con tus propias manos, ponerte pinzas de tender la ropa en cada uno de tus dedos, explotar un plástico de burbujas, chafar una lata y caminar con ella, pintarte las uñas con rotulador.

Cuando aún éramos nosotros (Danella)

Me cuesta aceptar que todos se van. 

Rocío dejó la residencia. Iván, aquel piso. Corralejo dejó de ser verano y el almacén dejó de parecer Navidad.

Todos continuaron su camino.

Yo me quedé en el mío, mirando hacia atrás, esperando que alguien me agarrara de la mano y me sacara de aquel lugar.

Hasta que entendí que no quería salir de allí.

Quería que todos volvieran.

Y quizá ese era el problema.

Mientras ellos seguían construyendo recuerdos nuevos, yo seguía habitando los nuestros.

Entonces, un día miré hacia delante.

Como ellos hicieron.

Y no había nadie.

Pero tampoco faltaba nadie.