Las cien palabras permanecían en silencio, sentadas en sus sillas de madera labrada, a la espera de instrucciones. Estaban en una sala de la Academia, la segunda a la derecha, según se entra al edificio.
A las dos Palabras se las veía especialmente nerviosas, quizá por la responsabilidad de saberse protagonistas. Las seis La cuchicheaban entre sí, observadas con desaprobación por sus siete primas mayores, las envaradas Las.
Nadie sabía a ciencia cierta cuándo serían llamadas para ir a Torre Pacheco, pero las dos Labrada dejaron caer solemnemente que un baño en el Mar Menor no se lo quitaría nadie.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.