–¡Anoche soñé contigo!
– Ah, ¿sí? Cuéntame. Espero que no fuera nada malo.
– No, qué va, todo lo contrario. Verás, estábamos por la plaza del ayuntamiento, en el bar al que íbamos a menudo. Tomábamos algo y pedíamos lo de siempre, unas marineras. También charlábamos con los vecinos que iban llegando y se improvisaban partidas de mus. De fondo, se escuchaba la radio y la máquina tragaperras. Sin prisas, sin estrés. Sin mirar el reloj, y menos el móvil. Tan solo disfrutando de lo sencillo y cotidiano. Pensándolo ahora, es raro.
- ¿Por qué?
- Porque ya no podemos vivir así.
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