NITIDEZ
(Josefa)
Me acostumbré a ver sus películas, no las mías; a escuchar su música. También sus gritos y palizas que iban en aumento. Con cada ataque, mi imagen en el espejo se iba diluyendo. Una tarde apenas me veía; lo único nítido frente a mí era la imagen de un hombre con su puño levantado, sus labios apretados y odio en la mirada. Sentí pánico. De madrugada, sin encender la luz, cogí la maleta.
Ahora el espejo me devuelve, con total nitidez, a una mujer libre.
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