El caso sucedió en la playa de la Romana: turista barcelonés de 74 años. La bandera roja demostraba su libertad íntima a decidir, pero no a poner en riesgo otras vidas, pues al oír su grito alguien corrió en su ayuda. Para cuando llegó su boca rezumaba agua y sus ojos miraban enrojecidos. Lo abrazó y arrastró hasta la arena. Socorristas, policías, Guardia Civil y SAMU llegaron luego.
Marchó, en el anonimato del héroe que no persigue medallas, sin sandalias y con heridas externas e internas, pues lloró el desencanto de no haber podido compartir también... un abrazo de vida.
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