La sombra se pasea por el vagón entre silencios jadeantes. Una infinita gabardina esconde su silueta. Avanza con las cuchillas de la intemperie en su rostro ilegible, como un abismo de carne cuyo nombre mortal la luna ignora. Hay una promesa negra en su mirada sin ojos. Y el mundo entero calla, se arrodilla, frena su respiración.
Excepto las flores.
Ellas escriben poemas en cada raíz. Ellas, con sus sonrisas de colores, siguen bailando inmóviles. Ellas recuerdan que la más negra noche es solo un falso espejo. Ellas susurran que la primavera no puede ser asesinada.
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