A pesar de la tormenta, el ambiente era cálido. Después de tantos años, Matías lograba al fin reunirlos a todos.
Un abeto navideño, cargado de luces e ilusión, alumbraba el salón. Guirnaldas, villancicos y batallitas familiares. Por unas horas, la casa volvió a ser un hogar.
Con voz metálica, un señor idéntico a papá contaba un chiste; su hermano aplaudía con una precisión inquietante; y una mujer rubia imitaba la sonrisa de mamá.
Un relámpago iluminó el ventanal. Todo se apagó.
Sollozando, Matías subió la palanca y... solo regresó la luz.
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