La noche llega sin pedir permiso. No se queda, está de paso. Qué inoportuna.
—¿Qué horas son estas? ¿No te das cuenta de que te has adelantado? —dice el día a la noche.
—Disculpad, no era mi intención entrometerme —dice la luna.
—¿Y tú? ¿Quién eres? Contigo no va la cosa. Es entre ella y yo.
—¿Quién habla? No te veo —dice la noche.
—Lo siento, te tienes que marchar —dice el día.
—Creo que me he desorientado —dice la luna.
—Tranquila, yo te acompaño a casa. Dejémosle, que no tiene el día —le dice la noche a la luna.
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