Cuando leí la noticia de que cerraban la biblioteca, algo por dentro se me quebró.
— ¡No puede ser! — imploré.
La imaginé vacía, sin vida.
Allí pasé muchas tardes leyendo a José Ángel Mañas, Ray Loriga y Lucia Berlin; escondiéndome de algo, o de alguien, sin saber de quién ni de qué.
La vieja biblioteca del pueblo me salvó cuando era adolescente y nadie me quería. O eso creía.
— ¡No puede ser! — imploré.
La imaginé vacía, sin vida.
Allí pasé muchas tardes leyendo a José Ángel Mañas, Ray Loriga y Lucia Berlin; escondiéndome de algo, o de alguien, sin saber de quién ni de qué.
La vieja biblioteca del pueblo me salvó cuando era adolescente y nadie me quería. O eso creía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.