Con lo reservado que me muestro siempre, con lo celoso que soy de mi intimidad, aún no entiendo cómo pude bajar la guardia. Se nos ocurrió hablar de sueños y a mí me dio por confesar mi más terrible pesadilla, la más aterradora que puedo concebir. Les conté a mis amigos que soñaba a menudo con que asesinaba a alguien y ocultaba su cuerpo. Les dije: «No hay mayor angustia que vivir pendiente de que en cualquier momento puedan descubrirte y encontrar el cadáver». ¡Vaya desliz! Ahora me miran con estupor, como si al fin pudieran verme por dentro.
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