Disculpen que no me levante. Mi nombre es Priscilo. Pero llámenme Pris, por favor. Al igual que el nombre, hay cosas en la vida que no decides, pero que te marcan en cada paso de tu caminar.
Desde pequeño, mi madre me miraba sin querer ver y en su afán de negar mi realidad, una realidad que se le escapaba y la aturdía, me rodeó de mujeres.
¡Míralas! ¡Se me parte el alma al verlas llorar! Huérfanas de piropos como las he dejado, ignorantes de mis mentiras prefabricadas.
Él, siempre ha sido él, en secreto y en silencio. Y heme aquí, entrando en una caja, para poder salir de un armario.
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