Soy un admirador del cuidado que los colombianos ponen en sus palabras. Pareciera un pueblo de literatos. Lo comprobé cuando fui testigo de los sucesos de abril de 1948, acaecidos a raíz del asesinato del candidato Jorge Eliézer Gaitán, conocidos como "El Bogotazo" (1948) en donde quedó demostrado que allí -como en cualquier parte del mundo- lo que nos separa de la barbarie es una delgada costra de civilización tan frágil como una galleta.
En de los saqueos y enfrentamientos callejeros vi una pancarta improvisada que decía:
"La horca para el Excelentísimo señor presidente, Dr. Ospina Pérez".
Tío Romito
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