miércoles, 6 de marzo de 2019

Si la vida son dos días (Tallulah Eleonora Selker Landa)

Llegó un aciago, viudo e impetuoso Simón a la ciudad de las luces en búsqueda de su amado maestro y alguna razón de vivir. Antes de su encuentro, se dirigió al Café Procope a tomar champán y comer trufas.

La desdicha actuó fatalmente cual imán y Ludwing se acercó al joven, interrumpiendo su despechado festín y preguntando el origen de su acento. Uno confesó su sordera, otro, sus deseos de morir. El venezolano lloró a María Teresa, el germano gemía por Josephine. Una invitación a Viena fue hecha.

La Quinta Sinfonía nunca nació y la Quinta República tampoco. Ave Caesar.

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