Después de 2 días sin dormir, los ojos de Sam no se enfocaban en nada o al menos eso decían todos los que habían ido a visitarlo, más de una semana sin salir de su cuarto, sin luces, sin rastros de comida en la mesa, sin vida en la casa. Él en la cama, mirando lo que todos llamaban nada, la nada que en realidad era el lugar que su madre solía ocupar, una silla que no volvería a ser ocupada por un cuerpo, la silla de los recuerdos, las miradas y ninguna palabra.
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