Confesión
Como aquel día la niebla había dado tregua, desde lejos lo vi que estaba en medio del camino dispuesto a cerrarme el paso. Ya frente a él, todo sucedió en un momento, el golpe, la sangre en el labio y la decisión final. Sin pronunciar palabra regresé a la casa, saqué el revólver, volví y le disparé en el pecho. Sí, soy culpable, pero qué otra cosa podía hacer, si él era más fuerte y yo no le había dado motivos para que me golpeara.
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