lunes, 16 de marzo de 2020

Costumbre (Por Meritxell)


Una cultivada costumbre familiar conlleva gran economía del lenguaje, hoy de agradecer. Pero no es privativa de los hermanos como podría pensarse. Los estudios sugieren que empieza usando una única palabra, con variantes etarias (el coso, el deste, la cosiánfira), para designar cotidianidades infantiles y se va extendiendo hacia todos los objetos cuyos nombres no se recuerdan o no se quieren mencionar. Las preguntas y respuestas se reducen luego a efectivas interjecciones nasales que ya ahorran la apertura bucal y el gasto energético de los músculos de la lengua. En la fase extrema, rozando la perfección, ya ni nos hablamos.

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