EL AZUL DE SU MIRADA
Eras real, te podía tocar, te podía sentir y podía oír el latir de tu corazón. ¿Y
qué decir de esos ojos? De mirada profunda, juguetona, clara y azul como las
aguas del mar en un día de verano. Con caminar firme y retozón al mismo
tiempo, hicieron a las estrellas y al firmamento fascinar, y querer poseer tal
belleza sin pensar en el dolor de la tierra.
Escasos años pasaron, pero poco tiempo fue suficiente para impregnar una
huella difícil de borrar.
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