Tras haber matado a aquel hombre, dejó caer el arma sobre la mesa. Justicia, pensó, pero al acercarse al cadáver todavía húmedo, le aterrorizó el momento de enfrentarse a la verdad. Mientras oía el eco de sus latidos, el joven no resistió: borró con su mano la tinta para devolverle la vida a su padre. Recogió la pluma, sobre la mesa; besó el retrato de su madre; se colocó la corbata negra.
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