Una vez liberados todos los males y desgracias, Pandora cerró la caja justo a tiempo para que solo quedara dentro la esperanza. Luego se vistió con su mejor ropa y ordenó a su criada acompañarla al risco sobre el mar. Miró al cielo, se despidió en silencio del mundo, dejó una nota a su esposo Epimeteo y se metió en la caja. La criada la cerró con cadenas, amarró un lastre y la arrojó al mar. La caja se hundía entre las olas junto con Pandora que ahora habitaba la feliz esperanza de volver a ver a su único amor.
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