Aquella mañana acudió ataviado con mono de trabajo, como los del personal de mantenimiento. Hacía meses que la clandestina relación con Lisa le atormentaba y tener que disfrazarse cada día para verla, también. Ella le esperaba sentada en el sillón, con su ceniciento vestido ribeteado con trencillas de oro y una enigmática sonrisa de soslayo, entre la dicha y la amargura, que a él le nublaba la mente. Los gendarmes no quisieron escucharle cuando le sorprendieron con ella en el coche. Y farfulló iracundo: «¡Suéltenme! Leonardo me ha dado permiso.»
viernes, 12 de febrero de 2021
Licencia para amar (Guilores)
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