viernes, 12 de febrero de 2021

Licencia para amar (Guilores)

 

Aquella mañana acudió ataviado con mono de trabajo, como los del personal de mantenimiento. Hacía meses que la clandestina relación con Lisa le atormentaba y tener que disfrazarse cada día para verla, también. Ella le esperaba sentada en el sillón, con su ceniciento vestido ribeteado con trencillas de oro y una enigmática sonrisa de soslayo, entre la dicha y la amargura, que a él le nublaba la mente. Los gendarmes no quisieron escucharle cuando le sorprendieron con ella en el coche. Y farfulló iracundo: «¡Suéltenme! Leonardo me ha dado permiso.»

 

 

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