PICHÓN
El pichón cabía en la mano de Marta. “Cómo nos mira”, dijo, y Diego, que solo tenía ojos para ella, cedió. Lo criaron en una caja de zapatos junto al radiador. Diego aprendió a triturar semillas y se dio maña con la jeringa.
Primero fue una tos seca. Después, un dolor de cabeza que no se curaba con nada.
El día que Diego ingresó en el hospital, el veterinario llamó a Marta para confirmarle que el pichón estaba completamente sano. Cuando volvió a la habitación para darle la buena nueva, su novio ya no pudo oírla.
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