Cada tarde, el anciano ocupa el mismo banco y observa cómo el parque se llena de vidas ajenas. Ve a los niños correr detrás de un balón, a los perros arrastrar a sus dueños, parejas pelando la pava y a los corredores luchar contra el cronómetro. Conoce ya quién llega, quién falta y quién vuelve. Desde que enviudó, el hueco a su derecha en el banco sigue vacío. Él permanece allí. Te está esperando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.