Él era un deprimido que se daba a la bebida. En una palabra, un melancohólico. Por gallego y sus deudas del casino le llamaban Lugopata. Un día conoció a una chica. Ella era inteligente y hacía muchas preguntas, era periolista. Pese a los defectos de él y que ella era un culo de mal aliento, se amaron como tuertolitos, o sea, como palomas sin un ojo. Las cosas les iban bien, hasta que llegó el aguasiestas de su exnovio a matar dos pájaros de un trío y les fue fenomemal. Acabose la histeria. A la postre, tarta de queso con arándanos.
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