El hombre está echado boca arriba, sobre una tumbona forrada de cretona azul, con los ojos cerrados y una mueca que bien podría confundirse con una sonrisa.
Llegó al hotel ayer, trece de julio, recuperando una costumbre de cuando aún vivía su esposa.
Aunque Don Camilo percibe un sueldo irrisorio en su trabajo de funcionario, cada año consigue ahorrar lo suficiente para las vacaciones, una vacaciones de soledad y
nostalgia.
En el salón principal suena la "Gran Polonesa Opus 22", de Federico Chopin; bailó esta pieza con Mercedes la noche en que la conoció y se enamoraron. Acaricia la
navaja que siempre lleva en el bolsillo pensando qué distinto sería todo si no hubiera regresado a casa una hora antes.
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