Él decidió enseñar cuando se percató que el mundo le necesitaba y,
desde entonces, se hizo llamar Maestro. El contenido que enseñaba era
muy difícil de asimilar, muchos no entendían su lenguaje y se quejaban,
no hallaban respuestas en él, así que decidió cambiar sus palabras por
acciones y fue mucho más aceptado y entendido. El nuevo método de
enseñanza cautivó a muchos alumnos aventajados que deseaban dominar
enteramente su materia, pero una y otra vez reprobaban, pues en
ocasiones en la mucha sabiduría no hay entendimiento para ciertas cosas
imprescindibles. Sus discípulos más capaces no comprendían que el amor
es acción, no palabra, y todos los días comenzaban la clase diciendo:
— «Maestro Amor, explíquenos el asunto».
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