Zapatos
La elegancia empieza por los zapatos, indica el cartel del limpiabotas. Un señor de abrigo real ocupa el tímido asiento y esparce con gusto su pierna derecha hacia adelante. A diez pasos, el indigente habitual levanta del suelo la cabeza que unos mocasines azules acaban de rozar. Cuenta las monedas del día. Ya las tiene. Recoge el botín, sus cartones y mantas y se acerca a la zapatería más cercana. En la puerta figura el mismo cartel que cada día lee a su compañero de acera. Entra al local. Ahora se sabe elegante.
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