GUETO
Una noche de verano, los padres dejaron de entender a sus hijos y los hijos ya no se durmieron arrullados con los cuentos de sus padres: se expresaban de manera diferente.
Los habitantes de Babel crecieron y se reprodujeron como en una olla de grillos, solo que nadie era capaz de traducir su estridulación, porque un pueblo en el que coexisten tantos lenguajes es un pueblo sin lenguaje.
Hoy, Babel es una preciosa anomalía, un gueto que les invitamos a descubrir, ¡por un módico precio!, en nuestra excursión de mañana por la mañana…
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