Refugio
Por estos lares, concierto de canes, le ladran al vacío de la noche porque le tienen miedo. Desde su rincón retoma lo emprendido, examina una vez más la cubierta, la acaricia. Abre el libro, absorbe el aroma, la habitación se ensordece y se van extinguiendo las luces como un atardecer que acontece con el día, solo un foco sigue en pie apuntando al libro. Y ella, ella ya no tiene miedo.
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