Cada noche inventaba otra excusa para engañar a su cabeza, era mucho más fácil que admitir que estaba loca.
En cama sentía que alguien estaba en su nuca, oliéndola cerca, casi tocándola… Pero era imposible, vivía sola desde hacía años.
La paranoia no le permitía dormir, había acudido a profesionales pero la sensación seguía, noche tras noche, pegada a su piel como las sábanas.
Decide marcharse de ese lugar como solución desesperada. Cuando al empleado de las mudanzas le llega el turno de recoger el colchón, se puede apreciar un agujero en la parte trasera, con forma de silueta humana.
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