Abrí los ojos y todo me resultaba muy familiar. Estaba durmiendo sobre un sofá de piel, bastante desgastado y polvoriento. A mi lado había una chimenea de piedra oscura, llevaba rato apagada… apenas se veía nada. Pero se podían distinguir figuras observando el interior de la casa desde la ventana.
Supuse que eran los discípulos de la muerte, solo aparecen cuando es la última noche de una persona. Todos me miraban con desdén, aunque no eran superiores a mi. Había restos humanos en la chimenea, ya los había visto antes. Les sonreí.
Ahora era yo el que les observaba desde fuera…
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