Se despertó sobresaltada y sudorosa.
-Cariño, qué pesadilla tan horrible. Parecía real. La muerte venía hacia mí con su capucha negra y me partía el corazón en dos con su guadaña… ¡qué alivio sentir que sigo viva!
Se giró en la cama. El lado derecho estaba vacío.
-¿Corazón?
Salió al pasillo. Hacía mucho frío, un aire helado se colaba por algún sitio.
Descubrió una ventana del salón abierta de par en par.
Impulsivamente se asomó y descorazonada pudo vislumbrar, entre transeúntes que se arremolinaban, el cuerpo de su marido que yacía siete pisos más abajo, sobre un charco de sangre.
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