Tras el maizal de la vieja granja, una alta y torcida figura le miraba fijamente en la distancia, con detenimiento e interés. Sus ropas andrajosas revoloteaban espantando a los pocos cuervos que decidían hacer acto de presencia.
De repente, como accionado por su propio miedo, el espantapájaros decidió huir sin mirar atrás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.