Los vecinos golpearon a la puerta de la nueva viuda, quien yacía adentro con la tranquilidad que se le había arrebatado durante sesenta dolorosos años de vida marital. "¿Qué hacemos con el cuerpo?" preguntaron. La viuda respondió con una existencia de humillaciones, llanto agrio, sumisión y sufrimiento culminado por completo con la muerte del esposo. "Déjelo" respondió con un dominio personal que nunca nadie le había visto, "que se lo coman los gusanos".
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