Una nueva fiesta de la aristocracia a la que no la habían invitado. La princesa, furiosa, cerró de golpe la revista que estaba ojeando. No soportaba a aquellas advenedizas de los antiguos principados centroeuropeos que seguían comportándose como si fuesen reinas, aunque sus territorios hubiesen dejado de existir hacía siglos.
Mientras, ella, auténtica princesa de Valaquia, descendiente directa de Mihnea y de Mircea III, quedaba relegada a vivir en un ruinoso castillo, trabajando como tour operadora. Eso sí, disfrutaba enormemente cuando observaba las caras de los turistas al darse cuenta que no se reflejaba en los espejos del salón.
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