El problema de Helena era que le gustaban los hombres musculosos…e infieles. Cuando conoció a Adán intentó amarlo, pero aquel hombre sensible era demasiado flaco y endeble.
Un revolucionario tratamiento para desarrollar la masa muscular transformó a Adán en un magnifico espécimen, y Helena cayó perdidamente enamorada de él.
Los celos nublaron el juicio de Helena, y cuando lo encontró tomado de las manos de una rubia despampanante le disparó sin piedad.
Adán se tocó el pecho ensangrentado y miró por última vez los ojos arrasados en llanto de la mujer de rubios cabellos.
Los dulces ojos de su hermana.
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