Marcial fue al baño. Pujó hasta que logró defecar y sintió poco a poco como se liberaba el dolor en su intestino.
Una vez que se paró del escusado, encontró su estomago deliciosamente vacío y disfrutó la sensación de dejar atrás una molestia que no se había dado cuenta que tenía. Se maravilló en el funcionamiento del cuerpo humano. Abrió la puerta y se encontró al verdugo que ya lo esperaba para sentarlo en la silla eléctrica.
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