Refrán
Cuando se le caía la hora se agachaba, con disimulo, y con dos dedos - que estiraba de una manera que todavía no me explico; como si fueran telescópicos o algo así - recogía los pedacitos uno por uno y los metìa en el reloj despertador que llevaba siempre en el bolsito de mano.
Si alguien le preguntaba cómo hacía para mantenerse tan joven, respondía con una sonrisa: el ahorro es la base de toda fortuna.
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