Son feos: tienen los ojos saltones y patas de escarabajo. Se les oye bullir como locos haciendo un ruido apocalíptico; se pelean y empujan por salir del cubículo oscuro.
Anoche me quedé muy quieta y en silencio, ellos aumentaban su griterío, hasta que rendida, me dormí.
Hoy he vuelto a abrir los cajones de mi mesilla. Apenas si tienen un leve movimiento moribundo: el caparazón contra su abismo de madera y las patitas suspendidas por su reverso.
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