Cada vez que entro por la puerta lo recuerdo como un mal sueño. Pero aquello fue real, muy real. Los llantos, el caos, el miedo, la muerte acechando, un monstruo desconocido ante el que no sabíamos cómo luchar, el cansancio y la falta de sueño, la desesperación de ver cómo se escapaban las almas por la ventana, cientos de ellas, sin que tú pudieras evitarlo.
Pude rendirme, pero no lo hice. Luchamos y al fin todo pasó. Y aquí sigo. Suenan las sirenas. Llega otra ambulancia. Hora de trabajar.
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