El sonido de su voz siempre me calmaba. Notaba su mano caliente sobre la mía. -Todo irá bien-. Me dijo mi padre.
Miré hacia la ventana. La luz del sol entraba radiante a través del cristal.
Todo había ocurrido muy rápido aquella fatídica mañana.
No debí haber contestado esa llamada mientras iba conduciendo.
El coche había dado varias vueltas de campana. Permanecería en la cama del hospital un tiempo prudente hasta que los médicos considerasen darme el alta.
Después, pensaba abandonar mi puesto de trabajo y recuperar lo que era más importante: Mi Vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.