Tras estampar su firma en aquel histórico Edicto, el emperador Galerio exhaló su ultimo aliento. Sus súbditos le lloraron. Eso sí, como todavía no estaban seguros de que hubiera tolerancia religiosa, oraron en silencio para no revelar a que dios se dirigían.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.