Cuando éramos jóvenes, ansiábamos ser los elegidos para habitar esas vidas suntuosas que se paseaban en descapotable, bebían vinos exclusivos y hacían cruceros por el Báltico. Obnubilados por el éxito que pretendíamos y nunca nos llegaba, no éramos felices.
Ahora, sin embargo, que hace años que dejamos de ser jóvenes, vivimos en un barrio tranquilo en las afueras. Tenemos dos hijos adorables, un perrito, los vinos de crianza, los libros de Coelho… y tampoco somos felices.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.