Eres incapaz de ver lo que necesito, cuando yo siempre seco tus las lágrimas de buenas maneras.
Me usas y deshechas con vulgaridad a un rincón olvidado, despreciando mi forma de arroparte cuando estás más vulnerable.
Nunca me opongo a disfrutar de ese momento en que puedo abrazarte para tratarte como la joya que eres, sin esperar nada a cambio.
Escucho tus lamentos, risas y quejidos, feliz de sentirme más útil que un vulgar trapo.
Me escondes del mundo como si te avergonzara, aunque no puedas vivir sin mí y seas incapaz de reconocer, que siempre estaré ahí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.