Mira su reflejo en el espejo. No ve lo mismo de siempre: una chica joven y con vida, sino que visualiza a una persona distinta, completamente atrofiada y horrible.
Se sonríe a sí misma. Así es como ella es en el fondo: debía quererse.
Se introduce en la bañera de forma delicada. Se recuesta y cierra los ojos unos segundos para relajarse antes de coger la cuchilla y clavársela en el brazo. Su sonrisa se hace aún más grande.
El agua comienza a tornarse verde conforme la sangre se abre camino.
Qué extraño. La de su familia era roja.
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