Cojo tu mano y salimos corriendo. Sin despedidas o explicaciones. Partimos, casi como en aquella canción: con un te quiero para el otro y un adiós para el resto. Porque a mitad de la vida descubrimos que aún no habíamos empezado a vivirla.
- ¿Dónde has estado todo este tiempo? – me preguntaste hace exactamente nueve horas.
- Buscándote – respondí y salvé la corta distancia que nos separaba.
Ahora, mientras nos alejamos de todo galopando sobre los adoquines de la vieja ciudad, no escapamos a ningún lugar; tan sólo vamos al encuentro del futuro que el pasado nos había negado.
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