De niño apretaba la mano al escribir. Ahora sé que es posible traspasar el papel sin llegar a romperlo. Escribir es una caricia que tiembla con cada palabra.
Puede que no te des cuenta pero suelo conjugar palabras y las hago bailar con gracia para adornarte los silencios.
Creo en la simetría y sincronía de nuestros precipicios. En el caos y en la magia de cada encuentro.
Los mejores mares, no salen en los atlas. Me subo a esa ola que señalas y navego en ese sentimiento para decirte que aunque cambien las mareas, siempre permanecerá la playa.
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