Me puse los zapatos de tacón de mi boda desdichada, unas medias sexis
con liga negra, una braga y sujetador rojos que podrían traerme la
suerte, y, finalmente, una falda y un suéter preciosos. Me atusé el
pelo, me di rímel y sombra en los ojos…
Luego, abrí la ventana. El sol resplandecía como una moneda de oro
recién acuñada, pero mi interior no era alcanzado por ninguno de sus
rayos. Me derrumbé en el sofá y me pregunté: ¿A dónde voy cuando no
quiero ir a ninguna parte?
Seudónimo:
Isla
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