Dígale, agente, que no tuve más remedio que matarle al interponerse delante de mi coche sin darme tiempo a reaccionar. Estoy seguro de que lo hizo a propósito, salió de la nada, como si estuviera aguardando, al igual que la fiera esperando a su presa. En este caso, él mismo fue la víctima, se lanzó sobre mí buscando su punto final. Dígale también, que me acerqué a él y tuvo tiempo de entregarme algo que guardé como un tesoro hasta hoy. Aquel papel doblado que era para su hija, se lo entrego a usted, ayúdeme a cumplir un último deseo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.